
Siento como si mi cuerpo no me perteneciera, mientras camino por la calle me siento flotar, las luces se nublan ante mis ojos, todas las imágenes se funden como en un caleidoscopio. Así se siente vivir a punto derrumbarse, a punto de caer en cualquier lugar. Pero tomo mis gotas de "Effortil", poción mágica para levantar muertos como yo, que sirve para sacarme del limbo, del trance bamboleante en el que suelo pasar los días, estos días.
A veces pìenso que los colores que proyecta la computadora en mi trabajo hacen que todo lo que veo después se ponga difuso, ahora sé que no, tengo la certeza de que es una dolencia más de la anemia.
Hace meses que no me pertenezco, que no soy yo, más que un cuerpo enfermo que no puedo manejar a voluntad, hace meses que no salgo de noche sola, por temor a caer en algún sitio y no poder volver a casa. Y lo peor para mi es no tener las suficientes fuerzas para escribir, y dejar pasar la inspiración que a veces me toca la puerta y decirle que hoy no puedo salir a jugar.
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