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miércoles, 19 de enero de 2011

Yuppies

Hoy no podré sentarme al sol en la plazoleta que matiza el gris del edificio espejado. Desde la altura se ven las copas de los árboles bailar violentamente, lloverá. Será algo complicado hacer de este un gran día depende de mi fortaleza para enfrentar chaparrones. El paisaje afuera se ve como un bosquejo en carbonilla.

Me doy cuenta de que necesito ese ratito de sol, sentarme los treinta minutos de descanso en el césped que nadie se atreve a pisar. A veces creo que le temen a la naturaleza, o quizás sea algo más simple, los hombres no quieren arrugar sus trajes y las mujeres temen clavar los tacones en la tierra, yo no.
Desde que llegué a la elegante torre nunca dudé en pasar mi tiempo libre tirada al sol, siempre que hiciera calor sacaba mi mantel de cuadros azules y preparaba un pic nic. He pasado lindos momentos junto a dos amigos que trabajaban conmigo, ahora, de los mosqueteros solo quedo yo.
Hoy me basta con fumarme un cigarrillo con las piernas extendidas con un libro o una revista en la mano o escuchar a Django Reinhardt mientras tuesto mis mejillas.
Así como las plantas realizan su proceso de fotosíntesis yo sigo mi rito de lunes a viernes y canto a los yuppies para mis adentros la canción de Billy Bond y la pesada -Salgan al sol, revienten!- . Mamá solía cantarla, sospecho a ella tampoco le gustaban las oficinas y por eso se dedicó a salvar vidas.

jueves, 22 de julio de 2010

Aquelarre


Ultimamente, la oficina se ha vuelto un asco, quiero decir que el ambiente está bastante denso. Ya no son las usuales caras de: sigues aquí?, que notamos al principio, no, esto va más allá.
Basta que tengamos que discar otro interno para resolver un problema para que nos traten con absoluto desprecio, ya no es un desprecio personal, creo que estas personas sienten un desprecio absoluto por el género humano. Y como la mayoría son mujeres de edad creo que lo más parecido hoy en día a todo ese sub mundillo es un aquelarre.

domingo, 18 de mayo de 2008

"Don't forget to leave your soul at the entrance"...

Trabajo en una aerolínea, mejor dicho en una corporación aérea. Lo bueno (como es de suponer), es que los empleados gozamos del beneficio de poder recorrer el mundo con unos pocos pesos. Pero no voy a detenerme en ello, no ahora. Lo que quiero es dar un pantallazo del mal carácter de algunos de los más veteranos que trabajan día a día en la oficina de reservas.
El empleado común realiza las mismas tares hace años y solo espera jubilarse tarde o temprano, jamás ha descubierto su vocación o se ha entregado a un destino que a juzgar por el semblante de decepción y fracaso los tiene encadenados como zombies a esa rutina laboral de cuatro u ocho horas. Tratamos con gente del otro lado del teléfono, gente que tiene temores, gente que se siente sola, gente que tiene dolores, alegrías y sueños, como nosotros (los operadores de reservas).Por el tono de voz y el manejo de la conversación es fácil detectar porqué ese cliente se ha contactado con nosotros, el pasajero compra pasajes porque se va de luna de miel, viaja por el nacimiento de un nieto, quiere ver desesperadamente a sus hijos que hace tiempo se fueron de casa y mil motivos más. Sin embargo, los tonos de voz cortantes y secos que utilizan los expertos para hacer más "eficiente" su trabajo impiden esa relación natural con la otra persona, están simplemente hartos de lidiar con seres humanos, se han convertido en "zombies".
Con un amigo bromeamos y antes de entrar altrabajo nos decimos a coro el título de este artículo, que significa: "No olvides dejar tu alma en la entrada".