Lo decidí, voy a dejarte acá, a un costado de la ruta, no me molestes más.Ultimamente estuviste surcando mi mente durante días y hasta te diste el lujo de fastidiarme por las noches, ya no lo soporto.
Por eso prefiero estar cenando sopa de avena a pedirte de nuevo que me hagas compañía y me digas que no.
La otra noche fue interminable, un laberinto que no acababa de recorrer, buscándote de a ratos y vos jugando entre las sombras, con ellas.
Cuando amaneció y me acosté rendida del cansancio nada había terminado, yo seguía buscándote en la oscuridad, era una agonía eterna hasta que decidiera hacer algo, hasta que me dignara a despertar a pesar del agotamiento.A las diez de la mañana me levanté sin la ayuda de despertadores. Había dormido solamente cuatro horas después de un día intenso, pero la noche había sido doble, una real, otra en el sueño. Doblemente amarga, doblemente solitaria.
Ya no estás, pasó tanto tiempo que tengo que despedirte y me pregunto porque hago duelos por desconocidos.
¿Acaso alguna vez te extrañé o solo extrañaba el hecho de sentirme acompañada?Ya no quiero pensar si fue de verdad lo que pasó, si fue coincidencia, si fue forzado, o actuado o qué. Ya no suena más la música.
Acá estoy yo, mi sopa y mi vaso de agua, un poco de Amoxicilina y Fluribuprofeno para mi muela, nada para el corazón que languidece dentro de mi pecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario