Hay una casa en La Plata, habitada por jóvenes que viven al costado del sistema. Sus cabezas despiertas ven lo que el ojo anestesiado del Sr y la Sra común no toleran. Son chicos que se cuestionan lo que subyace detrás, porqué las cosas no funcionan, porqué existe tanta inequidad y ese costado filosófico es lo que los hace diferentes a aquellos que viven bajo el amparo de la pseudo seguridad de estar entre cuatro paredes frente a un monitor. En la casa se pinta, se proyectan documentales sobre las paredes, se debate sin censura, se bromea, se ironiza, se vive. Allí no existe un televisor encendido, sintonizando a TN o Big Brother , no necesitan saber "lo que hay que saber" según el cuarto poder.
Si bien toda una generación de jóvenes y brillantes pensadores ha sido diezmada por los gobiernos sangrientos que dejaron sin cabeza a la nación, se renuevan las esperanzas de un pueblo cuando surgen nuevos cuestionadores. ¿Acaso así no evolucionó la humanidad a lo largo de la historia?, ¿cómo si no fue a través de los llamados rebeldes?.
Hoy, la cuestión de fondo es precisamente la desigualdad, la mirada esquiva y la manipulación que el sistema pretende lograr en pos del consumismo, del individualismo, de la fragmentación. La gente vive inmersa en la llamada cultura del terror o en la que se ponga de moda según los intereses de quienes llevan la batuta o las acciones en la bolsa.
La casa está abierta y se me antoja una escena de unos jóvenes llamados Buñuel, García Lorca y Dalí en una residencia de Madrid. Ellos eran grandes artistas, locos, revolucionarios quizás nuestros muchachos sean más grandes de lo que pensamos, no lo subestimemos.
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