miércoles, 27 de abril de 2011

Historia de un amor de lata


Gomes Da Costa es un brasilero que solía dormir solo al lado de la canilla, se acurrucaba (muchas veces húmedo) para soportar el frío de la noche. Por las mañanas le gustaba sentir la brisa por la ventana y charlar con la enredadera verde que crecía majestuosa sobre el marco amarillo.

Su caparazón estaba cobrando el color del óxido y sin embargo seguía siendo tan entrañable y querido como el día que llegó de su largo viaje. Traía consigo dos sardinas enormes que venían de Brasil aún frescas y que sirvieron para la cena, entonces la familia decidió adoptarlo. Primero no supieron bien qué función asignarle dentro del hogar y así es como se convirtió en ayudante del pintor, en portador de cenizas y en esponjero. Siempre muy trabajador, siempre silencioso y amable con su traje azul y plata y su rostro amigable.

Gomez Da Costa ya no duerme solo, porque una noche, la señora salió a comprarle una compañera, le quitó las sardinas que usó para la cena, la limpió con una esponja llena de espuma y la recostó a su lado. La soledad ya no entristece al hombre de latón que descansa feliz junto a su bella sirena.

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