Dos mujeres yacen en reposeras blancas, tostándose al calor de una charla nocturna. Cuarto menguante en el cielo, las lágrimas pelean por salir de los ojos de la rubia, la morena la escucha e intenta consolarla.Realmente no tiene motivos para llorar, la noche es perfecta, clara, las dos tienen en la mano una copa de vino, comparten cigarros armados y observan la luz que sale del interior de la pileta de natación. El paisaje es más que agradable. En realidad, no solo es el paisaje, es la estupenda cotidianeidad, la vida misma pero la rubia no lo ve, no se da cuenta.
Por dentro la morena, un poco más reflexiva piensa: A veces lo tenemos todo, o tenemos bastante, sin dudas. Y se pregunta, cómo puede no ser suficiente para esa otra mujer que yace a su lado, bella, inteligente y capaz pero que ha llorado desconsoladamente porque el hombre al que desea no está. Sus ojos hinchados y su rostro triste hablan más que ella, se pregunta mil cosas que en aquél momento no tendrán respuestas, indudablemente hay que dejar el tiempo pasar.
Como por arte de magia surgen de la charla recuerdos nuevos, momentos divertidos que la rubia aún no ha confesado, que ha omitido porque prefiere dejarse invadir por la amargura, sin embargo están allí y cuando salen logran arrancarle una sonrisa y alguna que otra carcajada pudorosa. -Hay muchas cosas afuera- dice la morena,- muchos momentos que merecen ser vividos y a veces necesitamos entretenernos hasta que aparezca aquel gran (papelito en el borde de un cuadro que dice:) Amor Verdadero- .
-Me quedo- , le dice a su amiga, - no podría dejarte sola en una situación así. Cada quién conoce sus propias angustias y yo sé muy bien lo difícil que es lidiar con los demonios de la soledad aún en noches como esta- .
Al volver a la casa ya es de madrugada, se recuesta en el sillón prestado y se duerme casi instantáneamente.
2 comentarios:
Creo que sé de que estás hablando. Mejor dicho, de quién. Muy lindo el relato. Muchas veces he pasado por lo mismo, no tantas por lo que pasa la rubia, pero sí por lo que le pasa a la morocha.
besos, te quiero.
Deberíamos juntarnos, las protagonistas del relato y nosotras a tomar el té, no?
Yo también te quiero, la mejor compañera de carrera ever...
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