Dos televisores permanecen encendidos, día y noche en la recepción de un hotel familiar en Washington. Por la mañana de 6 a 10 se sirve el desayuno, después solo queda la cafetera. En el salón resuenan versiones de temas pop convertidos en música funcional por alguna sinfónica de origen 2.0.Mujeres con burkanas escriben en cuadernos blancos, todas juntas en una mesa, parecen damas de luto. Un ciudadano afroamericano no hace más que navegar por internet, hace horas permanece sentado frente al monitor. El front desk es atendido por un muchacho obeso de orígen latino que mira videos en Youtube durante practicamente toda su jornada laboral. Es comprensible, el mismo empleado anoche me recibió a las 23hs, hoy son las 3 de la tarde y sigue ahí, cumpliendo su turno.
El teléfono suena intermitentemente y afuera llueve sin parar, como si se acabara el mundo hoy mismo, todos los ruidos convergen en la sala. La gente viene y va, hacia los centros comerciales. Jamás hay más de cuatro personas en este pequeño hall, pequeños grupos, mucamas, el señor del shuttle que viene a ver si alguien tiene que ir al aeropuerto.
Ha sido un día largo, demasiado, porque alguien me despertó por error o programó mal el conmutador y mi teléfono sonó a las 6.04 en vez de a las 8.40 como pedí. Todo contribuye a este estado de ánimo presidiario, estoy atrapada en un imperio en decadencia.
Fox News bombardea con su cultura del terror, lo que más me llama la atención son las publicidades de medicamentos, los laboratorios realmente hacen un buen negocio aquí. Ellos son como se diría en España "los que parten el bacalao". Hay píldoras para todo, incluso para enfermedades específicas, en los avisos se habla de cómo realizarse un autodiagnóstico, pídale a su médico que le recete nuestro elixir contra el dolor, qué locura!.
Habrá algún medicamento para curar la avaricia de los dueños de Pfitzer por ejemplo? o la de los miembros del board meeting del Bilderberg Group?
Mientras corporaciones como Coca Cola Co. (por mencionar otro rubro) sigue amasando sus millones la gente tiene cada vez más hambre, trabaja más por salarios magros y protagonizan protestas masivas, cosas inimaginables en Freedomland. Inmigrantes africanos son empleados durante los siete días de la semana para mantener lo que ellos llaman un estilo de vida mejor al conocido.
Pensándolo bien, inmersa el en ojo del huracán neoliberal, me quedo con mi querido Buenos Aires. Traducido al lenguaje universal: no veo las horas de volver...
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