
Viajaba en brazos de su madre, un hermoso niño con la piel de bronce y el rostro alegre. Giraba la cabeza con curiosidad, mientras jugaba con un par de lentes oscuros. Tendría menos de tres años pero todavía conservaba las facciones tiernas de bebé rozagante. No podía evitar mirarlo, su ojo derecho enrojecido sin pupila ni iris, el otro perfecto, almendrado, castaño.
Su belleza era inmensa, asimétrica pero inconmensurable, sentí el impulso de pararme, dirigirme hasta la madre y preguntarle si me permitía saludarle. Quería decirle lo siguiente: - Bebé, sos el nene más hermoso del mundo- y esperaba que su memoria fuese lo suficientemente benévola como para que lo recordase de grande, pero mientras más lo pensaba, más dudaba y me acomodé en el asiento. Imaginaba que tal vez los niños crueles lo harían sufrir con burlas en el colegio y deseaba protegerlo de alguna manera. Pensaba en el peso de las palabras, en lo mucho que pueden hacer.
Los rayos de sol y el viento que se filtraba por la ventanilla me arrullaron, cuando desperté el paisaje ya era otro, el bebé ya no estaba, un hombre mayor me miraba por sobre el hombro como si supiera, como acusándome de no haber tenido el valor.
2 comentarios:
Just loved it. Can´t say anything else
Thank you dear Stranger!
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