Un mediodía, el breakroom estaba repleto y bullicioso, cuando distinguí por encima de todas las voces, una que sobresalía y que se parecía a la de una ex compañera, modelo trágicamente fallecida, que me resultaba absolutamente desagradable, no ella, sino su voz nasal y su manera de querer sobresalir en todo momento, en todas las materias. Nunca entablé una conversación con ella, solo me atreví a esbozar frases como: "yo también hablo alemán", es más, creo que eso fue todo lo que le dije en el tiempo que cursamos juntas una vez que salíamos de la clase y lo hice para romper el iceberg entre nosotras, por ser amigable y buscar un punto común a lo que ella respondió "yo leí Sophia's Welt (El Mundo de Sophia) de Jostein Gaarder completo para un trabajo práctico en el secundario". Sus palabras sonaron como una bofetada mientras con los labios esbozó una sonrisa glacial. Yo había aprendido a hablar alemán ya de adulta en la UBA, en el Goethe, en las oficinas de Lufthansa mientras laburaba, en cambio ella había ido a un colegio germano parlante y eso marcaba una diferencia.
Algo similar me ocurrió con mi nueva compañera de trabajo cuando llegó hace unos meses. Tal vez fuesen las risas exageradas, el exceso de elocuencia, la actitud de querer hacer sentir a los demás como seres inferiores y opacos lo que me causó repulsión y me hizo recordar a la blonda modelo con nombre de flor.
Para dar un ejemplo de lo desagradable de su actitud, es necesario citar el contenido de su absurdo monólogo. Una tarde en la que estábamos todos en paz, cada uno en su escritorio, yo leía un libro de Carver y miraba de reojo el cielo gris por un ventanal concentrada en la nostalgia y el placer que eso me provocaba. De pronto ella comenzó a hablar, fue como un escuchar un taladro Black and Decker, gesticulaba con las manos exageradamente mientras contaba cómo jugaban con su abuela al Bridge durante su infancia, abusaba de mi paciencia, creo que ni siquiera respiraba, solo necesitaba hablar y hablar y hablar. Cabía preguntarse, ¿qué clase de persona juega con su abuela al Bridge?, era evidente que ella buscaba marcar la diferencia. Yo había jugado al Cerebro Mágico y soñaba con tener el Spy Tech, pero ella jugaba con su abuela al Bridge... mientras, en una casucha de madera la mía se pasaba las noches haciendo arreglos para las vecinas boquenses en su máquina Singer. ¡Mierda! yo siempre admiré a mi abuela Elena aunque no supiera jugar al Bridge y soñé con ser tan independiente como ella, y ahora lo soy, me regaló libertad, me enseño a ser incansable, luchadora, me enseñó a putear y a que cuando no te gusta algo podés mandar al carajo a todos. Dudo que la señora que jugaba al Bridge, haya sido tan audaz y aventurada, la madre de mi padre se fue de gira por Brasil con una compañía de ballet ruso antes de casarse con mi abuelo.
En muchos ámbitos en los que me ha tocado convivir he notado
estas diferencias que establece la gente procedente de familias
acomodadas, es como si quisieran remarcar que ellos han tenido una
educación superior porque fueron al St. Thomas, al St. Catherine's o al
Ulrico Schmidl. Yo creo que aunque mi educación esté unida con retazos, aunque haya carreras que quedaron en los años duros abandonadas y sin terminar, aunque siga luchando por conseguir el título de licenciada, vale y vaya que vale porque este camino plagado de incertidumbre, piernas rotas, mudanzas y separaciones me hace sentir cada día más fuerte.

3 comentarios:
Muchas veces no hace falta tener un título universitario, aunque en estos días es algo prioritario.
El bisabuelo de mi marido, nació y se crió en una familia humilde. Su madre era italiana y vino, así como tantos otros, escapando de la I Guerra mundial. Su esposo falleció al poco tiempo así que tuvo que criar practicamente sola a sus 7 hijos en uno de los tantos conventillos de aquella época. Los mayores trabajaban para ayudarla y uno de ellos fue Don Segundo, quien sin más remedio, tuvo que abandonar la escuela primaria. Es así como Don Segundo, después de haber trabajado en varios rubros, a los 21 años se casa y logra entrar a la fábrica Goodyear empezando desde abajo (como debe ser)como aprendíz. Trabajó toda su vida ahí hasta que se jubiló. Hoy tiene 83 años. Su trabajo le dio el reconocimento de todos sus compañeros, ha ganado premios, le dio la posibilidad de conocer otros países y tener una casa propia. Con esfuerzo y voluntad todo se consigue.
Muy buenas notas.
Gracias Anahí!, por suerte el mundo está mayormente poblado de gente linda como Don Segundo...
Y yo soñaba con el Turbo Bandit exclusivo de Cartán (aunque también me gustaba la idea de mirar para atrás sin torcer el cogote a través de los anteojos Spytech con espejito). Pero bueno, lo dije antes y lo digo de nuevo: Si estás en Upite Airlines sos pobre; no cagarás a más altura de la que tu orto permita. Esta mina es una clasemediosa decadentona, tras una máscara cricket y brownies (ya la veo comiendo su sopa enlatada). Como un ciego que toca la guitarra en el tren, pero que en realidad puede ver, no es honesto con su arte.
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