lunes, 8 de agosto de 2011

Inconciencia colectiva

sEstuve viendo el documental de la BBC El Siglo del Yo: Máquinas de Felicidad y me ha servido para plantearme diversas maneras de seguir mi existencia como un ser aún más independiente de la nociva influencia publicitaria. Ya desde el primer el primer capítulo se puede observar cómo las tabacaleras se las ingeniaron para inculcarles a las mujeres el vicio de fumar, lo cual antes de 1920 estaba mal visto que se hiciera públicamente. El cigarrillo equivaldría a tener un pene, al poder masculino, saber esto me da ganas de no volver a tocar un cigarrillo en toda mi vida. Pero no debe malinterpretarse mi expresión como androginia sino como
aversión a estos influjos que demuestran que los humanos no somos más inteligentes que los canes:
1- He decidido no volver a comprar ropa en comercios convencionales.
2- Usar todo lo que tenga en mi casa hasta que ya no sea posible repararlo y necesite indefectiblemente reemplazar el objeto en cuestión.
3- Examinar la casa en busca de todo aquello que no es utilizado y regalarlo o desecharlo
.
4- Reafirmar mi postura de no mirar televisión e incentivar a los demás a practicarlo también. Dado que todo lo que nos dicen es con la intención de vender, decido no contribuir con la inmensa maquinaria del deseo.

5- Cuestionar más el origen de las cosas, sobre todo las publicidades dudosas encubiertas. Ej.: en Callao y Corrientes reparten folletos de un comercio que dice "Compre gratis". Al momento no hay novedades acerca de economías basadas en recursos (ie. sin dinero) que esten vigentes, por lo tanto esto no es más que otro tipo de engaño al consumidor.
Tal lo dijo Francis Bacon: "El conocimiento es poder" por lo tanto, quienes sabemos cuánto han sido explotados y condicionados nuestros cerebros desde edades tempranas por intereses corporativos que solo se interesan por el vil metal, debemos poner un freno al consumo programado. Tal vez sirva pensar en que todo lo que compramos contribuye al sufrimiento de otros, de aquellos niños explotados en países más despojados que el nuestro, que contribuye también a la desigualdad, yo no puedo (asumo que es mi postura personal) caminar por la calle con mi nuevo Android o aparatito de moda, sin mirar a la familia que duerme en un colchón a la intemperie, haciendo de cuenta que no sé que hay bebés y ancianos que mueren de frío bajo las autopistas de mi barrio. Tal vez haya muchas mentes anestesiadas que no lleguen a captar mi mensaje, el último párrafo habla de compasión.
Otro pensamiento que podría ayudar a replantearnos nuestra manera de consumir es cuestionarnos si acaso nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer, la respuesta seguramente es NO.
Hemos sido utilizados como conejillos de indias, han experimentado con nosotros desde la época del Topolín.
(Suspiros de indignación)
Pero esto es más profundo aún y con cada reflexión se pone peor. Deduzco que el márketing, la publicidad y las relaciones públicas han fragmentado al ser humano convirtiéndolo en un esclavo de su propio hedonismo. Cuanto más leo sobre espiritualidad me siento más lejos del mundo actual, y más ignorante de la esencia de mi ser, así me ha forjado la sociedad, así me he despertado con esta sensación contradictoria.

jueves, 28 de julio de 2011

Depresión vs. Manía

Hace una semana se me parte la cabeza de dolor, mi cuerpo no define si prefiere padecer de una gripe oficialmente declarada o de un desarreglo digestivo, se debate entre una sintomatología confusa, tan confusa como mis pensamientos. Hace más o menos el mismo tiempo coincidentemente que mis problemas emocionales se agravaron, una situación sentimental que pende de un hilo se balancea en un espacio sin tiempo. El padecer se prolonga y en este preciso instante me he quedado sola.
Después de un descanso necesario me han dado deseos de comer, me dejaron una nota sobre la mesa con algo de comida hecha pero con mucho amor que se descifra en la letra manuscrita de dos de mis seres más queridos. Pero no pude tolerarlo y la vomité.
Fumo un cigarro, escribo intentando librarme de los demonios que no me dejan ser aunque más no sea un poco más normal. Ni siquiera puedo definirme como un Lobo Estepario, porque éste disfrutaba de su soledad mientras que yo muchas veces (como hoy) la detesto y ansío desesperadamente pedir auxilio. He llorado un poco intentando aliviarme, he conversado con distintas personas sobre temas triviales sin atreverme a gritar: Ayudame!

Lo más incomprensible es que ayer fue un día de liberación, llegué a mi casa casi a la medianoche, saturada de tanta actividad pero feliz. Me habían pasado un millón de cosas buenas y había comenzado con algunos proyectos postergados hace tiempo. Ayer había decidido retomar el bienestar físico, volver a dedicarme a la danza, me había comprado también cinco libros escritos en alemán, entre ellos una tan deseada biografía de Mozart que llegó a mis manos por una afortunada casualidad celestial. Todo estaba bien y hasta tuve tiempo de cenar con mi familia, ponerme al día con mi madre, abrazar a mi hijo. Y entonces vuelve la desazón y mi espíritu parece derrumbarse como un castillo de naipes.

jueves, 7 de julio de 2011

Rita

Margarita Carmen Cansino nació el 17 de octubre de 1918 en Nueva York, el destino o la casualidad hizo que mis cumpleaños sean celebrados con solo dos días de diferencia al de ella.
Hija de Volga Hayworth, una bailarina de las Ziegfeld Follies que salió del mismo semillero que Louise Brooks, Paulette Goddard y Barbara Stanwick y de el bailarín español Eduardo Cansino, es lógico la niña haya heredado tanta gracia y talento.
Cuando comenzó su carrera como actriz decidió cambiar Margarita por Rita y hacer propio el apellido materno convirtiéndose para siempre en la inolvidable y hermosa Rita Hayworth.
Hace dos días recibí un mail en el que me contaban de un programa que emitió el canal Crónica, el documental se llamaba "La trágica vida de Rita Hayworth", el título me pareció evidentemente una exageración. Independientemente del mal de Alzheimer que la aquejó durante el último período de su vida, Hayworth vivió su cuento de hadas a lo Grace Kelly al casarse con el príncipe persa Ali Solomone Aga Khan. Lamentáblemente la historia no fue muy feliz y duró poco más de dos años. Las infidelidades de Kahn llevaron a Hayworth a pedir el divorcio. Así, una nueva página se abrió en la vida de la actriz cuando se casó con Orson Welles (otro nativo de octubre). El gran genio de la pantalla grande y la diva compartieron cinco gloriosos años de amor. Siempre me han llamado la atención las fotografías de esta pareja tan excepcional y talentosa, eran como los Birkin-Gainsbourg de antaño.
Inevitablemente, mientras viajaba por la madrugada invernal a bordo de mi taxi pensaba en Gilda, había visto tantas veces esa película...soñaba con la escena en la que la diva cantaba Put the blame on Mame mientras se quitaba un guante de raso negro, en el streaptease más naif y escandaloso de la época de oro de Hollywood. Me fascinaba la escena en la que el galán la lleva tras bambalinas y le pega un cachetazo. Corrían los años 80 y mi mente infantil anhelaba ser como ella, grácil, esbelta, preciosa, adorada por los hombres y envidiada por las mujeres.

martes, 21 de junio de 2011

No pertenezco

Pertenecer: Ser parte integrante de algo”.

















El sentido de pertenencia siempre ha sido un agujero negro en mi vida, un triángulo de las Bermudas, un enigma.
Me he resignado por momentos a formar parte de grupos sexagenarios que se amoldan en las poltronas de la Lugones, con viajar en subte en hora pico y mientras de fondo en las estaciones suena una cumbia ir escuchando I Pagliacci de Leoncavallo y conmoverme cuando llora el tenor. Me resigno a usar paraguas y a dejar de cantar por las calles a viva voz "Love is a many splendored thing" de Sinatra cuando estoy feliz.
He encontrado casos aislados de locura parecidos al mío, pero con el tiempo incompatibles, aquellos locos se van, se amoldan o cambian de tesitura, y permanezco en este lugar incierto que me ha tocado padecer.
Otro razgo de mi personalidad que me automargina es tal vez cierto sentido de justicia, ese afán por conseguir que las cosas sean equitativas para todos o protestar hasta que mi discurso sea realmente considerado. Claro que haciendo esto dentro de una multinacional se me ha visto como una plaga roja. Todavía recuerdo las caras de los primeros días de trabajo, cuando llegaba con el Página 12 bajo el brazo cada jueves para no perderme a Clara de Noche, leía los internacionales y se me censuraba por mis comentarios acerca de la tiranía estadounidense en la pseudoguerra de Irak.
Hoy nos agarramos dentro de una oficina a discutir pavadas, minucias que nos quitan a los trabajadores para ahorrarse unos centavos, los cuales invierten en cosas mucho más ineficientes que la satisfacción aunque sea parcial del empleado.
Otro grupo al que jamás perteneceré.

Arte:
Me siento bien ocasionalmente en las galerías de arte, museos, librerías grandes o pequeñas y bares notables, de hecho trabajar en un lugar así sería como un sueño hecho realidad. Sin embargo, el snobismo en su versión más cool me repugna, es tener una sensación parecida al entrar en un bar de moda y ver a todos vestidos para la ocasión. Si llevo puesta mi ropa más cómoda puedo dar por seguro que la marginación de las miradas será una invitación subliminal a emprender la retirada; si me visto mejor, dejo de ser yo para ser ellos. ¿Porqué banalizar la cultura?,
¿se puede ser nerd o snob si no se pertenece a una "familia bien"?. Esta es tal vez la mayor contradicción en mi vida, por un lado voy escuchando aThelonious Monk o Maria Callas y por el otro voy contando las monedas para viajar en colectivo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Espécimen xenófobo

Primero conocí a su esposo, una persona interesante, tal vez la más memorable de todo el staff de Lufthansa.
Lo veía entrar en la recepción con su larga melena negra diciendo : - A mí me pagan por mi laburo, no por mi aspecto - mientras, se reía delante del antiguo jefe de base (un clon del Fuehrer, austríaco de nacimiento y una sonrisa imposible).
Su actitud me sirvió para aprender a hacerme respetar en el corrupto mundillo laboral aeroportuario, luego también para reemplazar los tacos y la pencil skirt por cómodos jeans y zapatillas aunque mi destino me obligase a trabajar en una de las torres más paquetas del microcentro porteño. Su lema fue adoptado como mío y hoy entro al suntuoso edificio igual que como voy a comprar papas.
Su mujer, rubia, alta y llamativamente masculina me pareció desde el primer momento un personaje controvertido, noté que su trato con los clientes variaba en torno a su humor, por eso, a menudo nos vemos obligados a escuchar sus gritos, sus discusiones provocadoras, en fin, su sensación de descontento con toda la raza humana.
Sino despotrica en voz baja contra los judíos o los inmigrantes de países limítrofes, grita a viva voz su desprecio por los españoles: -los odio- dice -deberíamos dejar de atender a estos gallegos de pííí-.

Lo curioso de este zoológico humano integrado por la decadente esfera jerárquica de mi oficina es lo permisivos que pueden ser con la discriminación, así como lo injustos que son con los más dedicados, pero a esta altura de las circunstancias, a los pocos que nos queda sentido común, ya no nos asombra nada.

miércoles, 27 de abril de 2011

Historia de un amor de lata


Gomes Da Costa es un brasilero que solía dormir solo al lado de la canilla, se acurrucaba (muchas veces húmedo) para soportar el frío de la noche. Por las mañanas le gustaba sentir la brisa por la ventana y charlar con la enredadera verde que crecía majestuosa sobre el marco amarillo.

Su caparazón estaba cobrando el color del óxido y sin embargo seguía siendo tan entrañable y querido como el día que llegó de su largo viaje. Traía consigo dos sardinas enormes que venían de Brasil aún frescas y que sirvieron para la cena, entonces la familia decidió adoptarlo. Primero no supieron bien qué función asignarle dentro del hogar y así es como se convirtió en ayudante del pintor, en portador de cenizas y en esponjero. Siempre muy trabajador, siempre silencioso y amable con su traje azul y plata y su rostro amigable.

Gomez Da Costa ya no duerme solo, porque una noche, la señora salió a comprarle una compañera, le quitó las sardinas que usó para la cena, la limpió con una esponja llena de espuma y la recostó a su lado. La soledad ya no entristece al hombre de latón que descansa feliz junto a su bella sirena.

martes, 26 de abril de 2011

Crítica a un instrumento de dominación

Invade nuestro ámbito de trabajo, nuestras casas, se roba el tiempo de ocio nuestros hijos y parejas, ¿porqué nadie cuestiona a Facebook?

Cada vez es mayor el tiempo que las personas invierten en mirar por el cerrojo de la cerradura del otro, sin dudas, este es un fenómeno social que no puede ser menos que examinado. Para hacer un balance entre las ventajas y las desventajas de la era 2.0, basta con remontarnos a cómo era un día en nuestra vida antes de que se impusiera el uso del celular, la PC, la internet o el mismísimo Facebook.

En mi experiencia personal fui incorporando la tecnología a mi vida cotidiana no sin cierto disgusto y duda. Primero con el celular, me harté de ser localizada todo el tiempo en momentos en los que no quería hablar por teléfono sino disfrutar de mi vida en vivo y en directo. Me cansé también cuando aumentaron las tarifas y los sms (menos costosos) bombardearon mi tiempo. Lo curioso es que este fue método más que efectivo para llenar a los usuarios de spam (publicidades indeseadas).

Después vinieron las redes sociales, Facebook se convirtió en un boom, la gente estaba deslumbrada por poder entrar en la intimidad de otros, ver sus fotos, saber con quién andaba fulano o si mengano estaba libre y sin compromisos. A mí el tema aún no me cerraba, no me parecía divertido contemplar el exhibicionismo ajeno, el patetismo de querer aparecer en las pantallitas de todos me resultada incómodo, me generaba una especie de pudor ajeno. Creé mi cuenta en la que encontré la utilidad de difundir mis críticas y descontentos con el mundo y me entristeció un poco que Madame Verité fuese develada, era yo, con nombre y apellido de una mujer común. Facebook me había quitado el velo, el misterio se había diluído detrás de una red social.

Después, mi hijo de entonces diez años empezó a suplicarme que le hiciera una cuenta porque sus demás compañeros también tenían y él no podía estar "incomunicado", no pertenecer al mundo cibernético no era una opción para él, yo era una madre anticuada, conservadora, castradora. En esa época la respuesta fue un rotundo no a pesar de los berrinches y los enojos. No le veía el sentido a que un niño necesitara tal cosa. Un año y medio después cedí, porque me pareció que no sería tan nocivo que de vez en cuando entrara a contactarse con sus amigos, a quienes conocía del colegio (una de las condiciones fue que siempre aceptara a gente conocida, otra que no revelara ningún dato de contacto). Sin embargo unos meses después estoy lamentando que él no se despegue de la laptop. No quiere bañarse, colaborar en lo que le pido, preparar sus cosas para ir al colegio y se pone de mal humor por el stress y el cansancio que le produce estar horas jugando a través de... Facebook!

Esto me hace pensar que las redes sociales son como grilletes invisibles que nos pone el sistema, lo curioso es que nadie se pregunte ¿porqué reinan en nuestros hogares?, ¿porqué las pantallas no duermen?

Una de las primeras entradas que publiqué en este blog llamada Vidas Públicas, una aberración moderna, ya vaticinaba estos temores, la percepción no me falló por eso es que aún sostengo lo escrito en esa ocasión.

Así como llaman en España a la Telebasura, la internet en su peor expresión y mal utilizada puede convertirse en un arma de doble filo entre las relaciones reales y tangibles. En pos de tener un millón de amigos como Roberto Carlos, estamos enfrentándonos con nuestros afectos más cercanos, descuidando los lazos verdaderos, enajenándonos frente a un monitor. Deberíamos preguntarnos si no nos hace sentir un poquito absurdos el modo en el que elegimos que el mundo nos mire, ¿necesitamos que nos miren tanto?

lunes, 28 de marzo de 2011

Lo entrañable de los libros

Ellos son transportadores hacia otras galaxias, otros tiempos, otras identidades. Cada uno representa todo un mundo en sí mismo.

La adrenalina de tener un nuevo ejemplar entre las manos, me colma el pecho de esperanza, ellos siempre son deseados con antelación muchas veces por influencia de la crítica, otras porque un determinado autor logra conmoverme con su lenguaje, o tal vez porque en la infancia me topé con algún relato que evoca aquellos días en los que el mundo olía nuevo y todo era recién estrenado. Entonces mamá tenía tiempo de llevarme a la Biblioteca Popular de La Boca y allí sentada en la fuente del patio enrejado leía los ejemplares amarillos de la colleción Robin Hood.

Lo cierto también es que tengo dos extensas listas, la de los clásicos que nunca se termina y los recomendados por un ex profesor poeta que siempre al final de la clase solía leernos un fragmento cuidadosamente elegido para la ocasión. A los que ya amábamos la literatura nos abría aún más el apetito y a los demás al menos les despertaba la curiosidad de poner al menos la punta del pie en alguno de los universos fantásticos que nos recetaba el Sr. Gruss. Muchos conocieron en su cátedra la melancolía de Pessoa y la angustia de Primo Levi y su amor por la vida.

Cuando se trata de leer no importa si es de primera mano, de una librería suntuosa o uno usado de feria o de la batea de las ofertas. ¿O acaso si quisiéramos viajar en el tiempo tendría importancia que la máquina esté derruída u oxidada?, nos subiríamos igual. Lo importante es que ellos siempre tienen algo nuevo y fresco que contar, más allá de su edad, porque en su interior podemos observar el paradigma cíclico de la historia. Así es como Marx no pierde vigencia en sus denuncias (seamos francos, la vida misma no ha cambiado tanto desde la revolución industrial), seguimos trabajando en condiciones cada vez más hostiles para reproducir un modo de vida que cada vez se nos hace más inalcanzable. Todo está más o menos como lo describieron ya en el siglo XIX y está plasmado allí en la literatura.

Así que los libros vendrían a ser como hijos y como abuelos a la vez, cuando los compramos es como si nacieran, luego van creciendo a medida que avanzamos en el relato, nos van mostrando su sabiduría, nos cuentan sus historias hasta que al final, una noche los levantamos de la mesita de luz y mueren al llegar a la última página.

jueves, 24 de marzo de 2011

Feriado

Siento latir la ansedad que galopa hasta mi corazón, me desvela, me aqueja un mal que apenas puedo soportar.

Me siento atrapada, es feriado y estoy en la oficina, afuera las calles están semidesiertas, solo se ve gente en plan de goce. A mí me costará disfrutar del resto del día, lo sé. Cuando llegue a casa pienso tomarme dos de las amarillas, dos y si es posible sumaría un poco de alcohol, prefiero caer rendida y despertarme dentro de un día nuevo, en lo posible mañana.

En mi cabeza los pensamientos van en círculo, ein Teufel Kreis. Recurre en mí la idea de acabar con las dudas y arrancar las preocupaciones de raíz. Se acelera mi respiración, necesito descanso. Quiero tener ganas de salir y disfrutar, pero no las tengo y si pudieran comprarse las ganas yo no podría obtenerlas (otra vez pensando en mi magro salario). Cada persona que me cruzo me dice:-eso no es un sueldo- y tienen razón pero me estanco en la desdicha, la soporto como un castigo merecido.

Acá la gente molesta, tose sin taparse la boca, saluda con falsedad y muecas de desprecio, hablan a las espaldas de otros,etc, etc... cada vez los quiero menos compañeros, sépanlo.

Me faltan dos horas veinte, pero el tiempo parece detenido, todo pasa allá afuera, acá desfallece mi alma dentro de esta torre negra.

Si pudiera lloraría muy fuerte para desahogarme, me haría bien, pero no sé si tendré las fuerzas para lograrlo. Estoy cansada hasta para llorar, anoche no pude dormir, el insomnio trastorna, corroe.

Ya empecé a llorar, tuve que cubrirme la cara para que nadie me viera. definitivamente estoy desestabilizada por el stress. Los ruidos me hacen mal, la tostada que cruje en la boca de Pablo, la voz de Graciela, el click! del mouse, la tos fingida en el fondo, las voces amaneradas, un sorbido al mate.

Respiro fuerte y rápido, imposible serenarme, escribo lo más frenéticamente posible, reflexiono, me angustio, lloro. Ni siquiera esto me desahoga.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Fresco de trabajadores y protestas


Desde el 9no piso de la torre puede verse a la mariposa ocre luchar contra el viento sur. Debajo se extienden horizontes de color, colectivos de lata que parecen juguetes viejos. La gente viste tonos que semejan acuarelas alegres, reniegan de la llegada del otoño, le huyen al marrón y al gris de las bufandas apolilladas que duermen en sus placards.

Alem está cortada por una movilización y se me ocurre al ver el despliegue que deberían ser más jocosas estas protestas; sería bueno que los manifestantes salieran con pinturas a cubrir las fachadas de las nefastas entidades financieras con murales, los trompetistas se animen a soplar para amenizar las rutinas de los apagados oficinistas y las mujeres bailen con faldas amplias cual bahianas en carnaval.

En el Luna Park un hombre vestido con un uniforme marca Ombú y zapatos de trabajo tiene la noble tarea de pintar las butacas del recinto, el sol le toca la espalda y tiene la fortuna de ver desde allí a las chicas bonitas que hacen cola en la boletería de la esquina, qué excelente labor!.

domingo, 6 de marzo de 2011

Presa en el Imperio

Dos televisores permanecen encendidos, día y noche en la recepción de un hotel familiar en Washington. Por la mañana de 6 a 10 se sirve el desayuno, después solo queda la cafetera. En el salón resuenan versiones de temas pop convertidos en música funcional por alguna sinfónica de origen 2.0.

Mujeres con burkanas escriben en cuadernos blancos, todas juntas en una mesa, parecen damas de luto. Un ciudadano afroamericano no hace más que navegar por internet, hace horas permanece sentado frente al monitor. El front desk es atendido por un muchacho obeso de orígen latino que mira videos en Youtube durante practicamente toda su jornada laboral. Es comprensible, el mismo empleado anoche me recibió a las 23hs, hoy son las 3 de la tarde y sigue ahí, cumpliendo su turno.

El teléfono suena intermitentemente y afuera llueve sin parar, como si se acabara el mundo hoy mismo, todos los ruidos convergen en la sala. La gente viene y va, hacia los centros comerciales. Jamás hay más de cuatro personas en este pequeño hall, pequeños grupos, mucamas, el señor del shuttle que viene a ver si alguien tiene que ir al aeropuerto.


Ha sido un día largo, demasiado, porque alguien me despertó por error o programó mal el conmutador y mi teléfono sonó a las 6.04 en vez de a las 8.40 como pedí. Todo contribuye a este estado de ánimo presidiario, estoy atrapada en un imperio en decadencia.

Fox News bombardea con su cultura del terror, lo que más me llama la atención son las publicidades de medicamentos, los laboratorios realmente hacen un buen negocio aquí. Ellos son como se diría en España "los que parten el bacalao". Hay píldoras para todo, incluso para enfermedades específicas, en los avisos se habla de cómo realizarse un autodiagnóstico, pídale a su médico que le recete nuestro elixir contra el dolor, qué locura!.

Habrá algún medicamento para curar la avaricia de los dueños de Pfitzer por ejemplo? o la de los miembros del board meeting del Bilderberg Group?

Mientras corporaciones como Coca Cola Co. (por mencionar otro rubro) sigue amasando sus millones la gente tiene cada vez más hambre, trabaja más por salarios magros y protagonizan protestas masivas, cosas inimaginables en Freedomland. Inmigrantes africanos son empleados durante los siete días de la semana para mantener lo que ellos llaman un estilo de vida mejor al conocido.

Pensándolo bien, inmersa el en ojo del huracán neoliberal, me quedo con mi querido Buenos Aires. Traducido al lenguaje universal: no veo las horas de volver...

sábado, 5 de febrero de 2011

Carácter contrariado

Estoy así, de un humor particular y cuando eso me pasa creo que podrian irse todos un poquitito al diablo. Me pone contenta estar en casa de nuevo, entre mis cosas y no quiero hacer abandono de morada, me gusta el encierro mientras tenga un ventilador y libros, muchos libros. Pero estoy tan jodidamente mal que hasta vería televisión como una autista, observando simplemente el corto horizonte de puntos centelleantes parpadeando en los culos de las vedettes, porque es sábado y dudo que den otra cosa.

Acabo de volver y debería estar feliz, pero en cambio, estoy enojada con el mundo real, con mi vieja que se zarpa, con la vida que me impone desafíos que me dan ganas de decir basta!, necesito respirar hondo.

Quiero acostarme a vegetar, ya comí, un huevo y no pienso levantarme para hervir otro, no queda mucho más en el fridge. Estoy hinchada las pelotas de esperar, y a mí no me gusta esperar a nadie, ni siquiera a mi madre a quien tambíén en días como este me gustaría mandar un poquitito al demonio.

Siesta, silencio que dura una hora y media y el ring del teléfono que me trae de nuevo a la realidad: -Hola...ah, hola ma. Sí, voy para allá-

Citi-shit

El sistema me corroe, me corrompe, me intimida. Acabo de pagar tres tarjetas de crédito y me quedan céntimos para vivir. Ideas entre suicidas, tragicómicas surcan mi mente, pero solo en el plano de chiste nefasto. Citibank quiere llevarse mi alma y hay que detenerlo.

Avisos de ultimátum y notificaciones de vencimiento me llenan el buzón de papeles inútiles y la cabeza de preocupaciones que sencillamente no tienen gollete.

El trabajador de clase media no puede tomarse vacaciones, o sí, pero debería nunca regresar. Volver implica retomar la rutina, girar los pesados engranajes hasta terminar de cancelar las deudas, enviar a los chicos de nuevo a la escuela y comprar, comprar para que no les falte nada.

Las necesidades aumentan, la canasta básica también, pero los salarios permanecen congelados, fríos, helados.

Gracias a Dios que me quedan algunos libros por leer para transportarme a otro planeta, donde no existen las boletas de teléfono, luz y gas.

Muchas veces parece que el Sr. Banquero me estuviese tomando el pelo cuando me envía cartas en las que me comunica que tengo un fabuloso préstamo pre-aprobado por el Citi-shit, una verdadera compuerta a la desgracia del endeudamiento eterno. Las puertas del infierno financiero del pobre obrero o del infeliz oficinista. Claro, es que el gordo Banquero vive de los intereses, le chupa la sangre a gente como yo. Pero yo no soy una víctima sencilla, le voy a pagar en cómodas cuotas e intentaré meterme los plásticos por el culo antes de volver a usarlos y aumentar la sed del vampiro.

lunes, 24 de enero de 2011

Sala de espera


En el consultorio del Dr. G hay una señora muy paqueta, blondísima, ella ojea una revista con disgusto y dice "buenas tardes" cuando el Vasco y yo irrumpimos en el consultorio. Muy educados respondemos al unísono -buenas tardes señora- y tomamos asiento en el sillón justo frente a ella mientras él alcanza a tomar una edición de Caras y Caretas.
El Dr. G no ha llegado y para amenizar la espera también ojeamos cada uno una revista intercambiando comentarios, anécdotas, observaciones y generalidades. Algunas páginas después nos cautiva un artículo sobre Martín "Macoco" Álzaga Unzué que contaba sus hazañas de playboy de la High Life de los 20´s, el despilfarro, el Morocco de New York, su relación con Al Capone y Ángel Firpo entre otras cosas. Nosotros nos detuvimos en la historia del apellido, a lo que el vasco acotó: - Y... si está manchado, es una cagada-. Los Álzaga Unzué estaban llenos de manchas y asociados a conspirar en contra de los procesos democráticos.
Muy disgustada, la Sra. se incorpora e increpa a Inés, la secretaria del doctor, a lo que ella responde - no se preocupe que ya está por llegar-. Luego se sienta (no sin largar un bufido de descontento) y hace su aparición el esperado Dr. G.Mientras atiende a la Sra. nosotros nos dedicamos a reirnos a carcajadas después de descubrir los retratos de dos adolescentes de rostro anticuado y exótico, quienes presumimos serían los hijos del Dr. El muchacho parecía uno de los siniestros hermanos Shoklender, la chica tenía un aire de desafortunada fealdad.

Sunset Park criollo

Hay una casa en La Plata, habitada por jóvenes que viven al costado del sistema. Sus cabezas despiertas ven lo que el ojo anestesiado del Sr y la Sra común no toleran. Son chicos que se cuestionan lo que subyace detrás, porqué las cosas no funcionan, porqué existe tanta inequidad y ese costado filosófico es lo que los hace diferentes a aquellos que viven bajo el amparo de la pseudo seguridad de estar entre cuatro paredes frente a un monitor.

En la casa se pinta, se proyectan documentales sobre las paredes, se debate sin censura, se bromea, se ironiza, se vive. Allí no existe un televisor encendido, sintonizando a TN o Big Brother , no necesitan saber "lo que hay que saber" según el cuarto poder.

Si bien toda una generación de jóvenes y brillantes pensadores ha sido diezmada por los gobiernos sangrientos que dejaron sin cabeza a la nación, se renuevan las esperanzas de un pueblo cuando surgen nuevos cuestionadores. ¿Acaso así no evolucionó la humanidad a lo largo de la historia?, ¿cómo si no fue a través de los llamados rebeldes?.

Hoy, la cuestión de fondo es precisamente la desigualdad, la mirada esquiva y la manipulación que el sistema pretende lograr en pos del consumismo, del individualismo, de la fragmentación. La gente vive inmersa en la llamada cultura del terror o en la que se ponga de moda según los intereses de quienes llevan la batuta o las acciones en la bolsa.

La casa está abierta y se me antoja una escena de unos jóvenes llamados Buñuel, García Lorca y Dalí en una residencia de Madrid. Ellos eran grandes artistas, locos, revolucionarios quizás nuestros muchachos sean más grandes de lo que pensamos, no lo subestimemos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Yuppies

Hoy no podré sentarme al sol en la plazoleta que matiza el gris del edificio espejado. Desde la altura se ven las copas de los árboles bailar violentamente, lloverá. Será algo complicado hacer de este un gran día depende de mi fortaleza para enfrentar chaparrones. El paisaje afuera se ve como un bosquejo en carbonilla.

Me doy cuenta de que necesito ese ratito de sol, sentarme los treinta minutos de descanso en el césped que nadie se atreve a pisar. A veces creo que le temen a la naturaleza, o quizás sea algo más simple, los hombres no quieren arrugar sus trajes y las mujeres temen clavar los tacones en la tierra, yo no.
Desde que llegué a la elegante torre nunca dudé en pasar mi tiempo libre tirada al sol, siempre que hiciera calor sacaba mi mantel de cuadros azules y preparaba un pic nic. He pasado lindos momentos junto a dos amigos que trabajaban conmigo, ahora, de los mosqueteros solo quedo yo.
Hoy me basta con fumarme un cigarrillo con las piernas extendidas con un libro o una revista en la mano o escuchar a Django Reinhardt mientras tuesto mis mejillas.
Así como las plantas realizan su proceso de fotosíntesis yo sigo mi rito de lunes a viernes y canto a los yuppies para mis adentros la canción de Billy Bond y la pesada -Salgan al sol, revienten!- . Mamá solía cantarla, sospecho a ella tampoco le gustaban las oficinas y por eso se dedicó a salvar vidas.

martes, 18 de enero de 2011

Baño de luna

Dos mujeres yacen en reposeras blancas, tostándose al calor de una charla nocturna. Cuarto menguante en el cielo, las lágrimas pelean por salir de los ojos de la rubia, la morena la escucha e intenta consolarla.

Realmente no tiene motivos para llorar, la noche es perfecta, clara, las dos tienen en la mano una copa de vino, comparten cigarros armados y observan la luz que sale del interior de la pileta de natación. El paisaje es más que agradable. En realidad, no solo es el paisaje, es la estupenda cotidianeidad, la vida misma pero la rubia no lo ve, no se da cuenta.

Por dentro la morena, un poco más reflexiva piensa: A veces lo tenemos todo, o tenemos bastante, sin dudas. Y se pregunta, cómo puede no ser suficiente para esa otra mujer que yace a su lado, bella, inteligente y capaz pero que ha llorado desconsoladamente porque el hombre al que desea no está. Sus ojos hinchados y su rostro triste hablan más que ella, se pregunta mil cosas que en aquél momento no tendrán respuestas, indudablemente hay que dejar el tiempo pasar.

Como por arte de magia surgen de la charla recuerdos nuevos, momentos divertidos que la rubia aún no ha confesado, que ha omitido porque prefiere dejarse invadir por la amargura, sin embargo están allí y cuando salen logran arrancarle una sonrisa y alguna que otra carcajada pudorosa. -Hay muchas cosas afuera- dice la morena,- muchos momentos que merecen ser vividos y a veces necesitamos entretenernos hasta que aparezca aquel gran (papelito en el borde de un cuadro que dice:) Amor Verdadero- .

-Me quedo- , le dice a su amiga, - no podría dejarte sola en una situación así. Cada quién conoce sus propias angustias y yo sé muy bien lo difícil que es lidiar con los demonios de la soledad aún en noches como esta- .

Al volver a la casa ya es de madrugada, se recuesta en el sillón prestado y se duerme casi instantáneamente.

lunes, 17 de enero de 2011

Riding waves on the sea of love


I don´t care to be corny today, I don´t a give a damm about being intellectual, I´m in love!. And I guess it should be the same for everyone, even for the writters, artists and journalists too, absolutely everyone at least one time in their lifetimes. And this is such a wonderful feeling I´ve never experienced before, that is hard to understand this is real yet.
There´s a lot of things in the universe that should happen in order to meet him at last, but it did, isn´t it incredible?
Two souls swimming in the deepest loneliness and finally converging into the same point at the very same time. Technology and Facebook helped of course, but it was a matter of seconds to start the talking and arrange the date we were going to see each other for the first time, and then the explotion inside my heart when I saw him standing near me at the book store, looking at me while I was holding an album of Marilyn Monroe.
My favorite places, my favorite play, my favourite drink on the same night with this fabulous stranger .
Was it the chance?, the destiny? or the God I prayed to at the church earlier that day?,I don´t know, however I can feel like someone´s taking care of me from up in heaven, I must believe.
And the story gets even more absurd or unexplainable to me and my logical way of thinking, but it doesn´t matter as long as I know he´s just a few miles away thinking about me.
I wished so hard to find somebody like him but I never thought It would be this way, or I could feel so lost and joyfull.
Sometimes is hard to know if I´m awake or asleep., the only thing I know for sure is that I´m no longer alone and that feeling of missing one part of me is vanishing quickly while I´m riding waves on the sea of love.

domingo, 2 de enero de 2011

Cortometraje

Dos personas que recién se conocen caminan por la noche hablando de El Eternauta, intentando recordar los nombres de los personajes bordean la Plaza Congreso, están allí mismo, donde se libró la batalla. En su cabeza ella imagina la nevada mortal y se siente dichosa, esta vez está acompañada y recorre el camino que tantas veces la llevara de Av. de Mayo hasta su casa tomando su mano.

Un poco más adelante pasan por la Botica del Ángel, se impone el recuerdo de Vergara Leumann y comienza un ping pong, un zapping verbal por aquellos programas de la infancia. Atrévase a soñar, Benny Hill, Grandes Valores del Tango...uff

El cielo esta despejado y se ve desde el balcón, ni siquiera hace falta espiar a la luna para saberlo, no lloverá.

Momentos antes se sentaron en el Tortoni y ella guardó en su bolso dos sobrecitos de azúcar como recuerdo, una costumbre, un ritual. de todos modos no se olvidaría del salón vacío con el piano en el fondo, de los brasileros que hablaban sin cesar en la mesa de atrás, de la deliciosa conversación.

Varias casualidades confluyen, un hombre y una mujer se encuentran, alivianan el peso de sus soledades, él sonríe, ella se deleita.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ridículo institucional

La última moda en mi trabajo son las felicitaciones a destiempo. Como acaba de comenzar el último mes del año, los supervisores y la Gerenta Regional (Regional Manager) deben ponerse al día por órdenes de la casa matriz, entonces deciden repartir condecoraciones a los mejores asslickers del semestre y por supuesto del año. No solo se entregaron los premios atrasados de septiembre en adelante, sino que también nos felicitaron por nuestros cumpleaños:

El mío fue ya hace casi dos meses (?) pero lo más insólito fue cuando nombraron a mi mejor amigo que cumple años en enero jaja, no pude aguantar la carcajada, menos cuando me acerqué a la cocina y vi que habían comprado facturas para celebrar los aniversarios. La ridiculez institucional no tiene límites.


jueves, 2 de diciembre de 2010

Cinefilia precoz

Habré tenido seis años cuando vi por primera vez Lo que el viento se llevó, Scarlett O´Hara y Rett Buttler teñían de kitch la pantalla de mi televisor, anocheceres rojos coloreados, besos robados, el desprecio fingido de ella, la indiferencia por parte de él, el teleteatro del amor. Scarlett lucía un vestido verde hecho de cortinas aterciopeladas en una escena del legendario film, yo jugaba a imitarla con el acolchado de raso de mi abuela Elena, costurera de vocación en un conventillo de chapa y palos enmohecidos. Así pasaba las tardes de verano en una casucha donde los gatos desfilaban con trajes que yo misma les hacía, los príncipes felinos andaban rampantes con sus capas moradas.
Por aquella época me deslumbró también la ternura de Toto, el jovencísimo Salvattore de Cinema Paradiso quien se enamoraba de otra Elena (que no era mi abuela) y hasta llegué a pensar que cuando fuera mamá, mi hijo se llamaría como aquél muchacho. Pero cuando tuve a mi bebé con el primer amor adolescente (cosa que Salvatore y Elena no llegaron a hacer), el nombre no iba bien con el apellido francés más acorde a la Nouvelle Vague que al Neorrealismo Italiano así que me resigné y busqué no solo uno, sino dos nombreas más apropiados: Patricio, caballero de noble estirpe e Ivan como los zares rusos, ¿influencia de Dr. Zhivago tal vez?.
Así descubrí que los amores de pantalla son eternos, no como los de la vida real, permanecen intactos en cintas como Casablanca o Algo para Recordar, y aunque hoy sea esta mujer a veces un poco sarcástica y demasiado crítica o pecadora aún creo un poquito en aquellas historias y a veces me gustaría hacer las maletas e irme a vivir allí.
La Marilyn Monroe de The 7th Year Itch, la inmortal y hermosa Gilda, la Audrey Hepburn que desayunaba en Tiffany´s me hicieron pensar que podría vivir en mi propio mundo aún en esta jungla de plástico que es la posmodernidad. Entonces recorrí las ferias americanas hasta encontrar unos guantes de raso negro, revolví canastos en Londres hasta encontrar un vestido de GBP1 y en una batea de San Telmo me compré unos lentes de sol Dior. Tampoco tuve que obedecer los cánones de belleza actuales tendientes a la anorexia, las mujeres como Sophia Loren llevan el poder en sus curvas, aceptar mis caderas maternas y enfundarlas en pencil skirts me acercan más a esas diosas del celuloide.
Todos esos films cargados de jazz me han tocado tanto mis fibras que me confieso una adicta de aquella música refinada y sentimental. Si llueve intermitentemente es común que se me de por escuchar al dúo Sinatra-Dorsey , si en cambio garúa Django Reinhardt transporta a los 20's con su Minor Swing, si llueve a cántaros a Billie Holiday me susura lamentos negros y si sale el sol reina en casa la voz de Anita O' Day.
Es el espíritu de aquella época de oro que para mí abarca desde los comienzos del cine, con Meliés hasta los 60´s (y mejor si es en blanco y negro) la qJustificar a ambos ladosue me marcó mi vida para siempre, la que me hace sentir una intrusa del siglo XXI.

martes, 30 de noviembre de 2010

Adiós

Lo decidí, voy a dejarte acá, a un costado de la ruta, no me molestes más.
Ultimamente estuviste surcando mi mente durante días y hasta te diste el lujo de fastidiarme por las noches, ya no lo soporto.
Por eso prefiero estar cenando sopa de avena a pedirte de nuevo que me hagas compañía y me digas que no.
La otra noche fue interminable, un laberinto que no acababa de recorrer, buscándote de a ratos y vos jugando entre las sombras, con ellas.
Cuando amaneció y me acosté rendida del cansancio nada había terminado, yo seguía buscándote en la oscuridad, era una agonía eterna hasta que decidiera hacer algo, hasta que me dignara a despertar a pesar del agotamiento.
A las diez de la mañana me levanté sin la ayuda de despertadores. Había dormido solamente cuatro horas después de un día intenso, pero la noche había sido doble, una real, otra en el sueño. Doblemente amarga, doblemente solitaria.
Ya no estás, pasó tanto tiempo que tengo que despedirte y me pregunto porque hago duelos por desconocidos.
¿Acaso alguna vez te extrañé o solo extrañaba el hecho de sentirme acompañada?
Ya no quiero pensar si fue de verdad lo que pasó, si fue coincidencia, si fue forzado, o actuado o qué. Ya no suena más la música.
Acá estoy yo, mi sopa y mi vaso de agua, un poco de Amoxicilina y Fluribuprofeno para mi muela, nada para el corazón que languidece dentro de mi pecho.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Un año de 700 días

Capítulo 1

Noviembre

Ella dijo - este parece un año de 700 días- y ése me pareció la metáfora perfecta para designar un período lleno de experiencias que cambiaron mi vida para siempre.

Mamá le daba un sorbo a su café con leche, ella nunca lo tomaba solo y esa era una clara diferencia con mi padre que siempre pedía café negro. ¿Será porque ella era una persona más blanda, más amable o simplemente muy diferente a él?. No lo sé, solo sé que era el mes de noviembre, yo había caído por las escaleras y ella estaba allí. Él en cambio estaba presente solo a través del teléfono y esporádicamente. Su esfuerzo paternal más parecido al amor fue acercarme una bolsa con comestibles y preguntarme que haría para navidad. Siempre para estas fechas se ponía nostálgico y tendía a escaparse conmigo imaginariamente, es decir, con su pasado, tal vez para enmendar las heridas que le había hecho a mi corazón durante tantos años de ausencia.


Con mamá las cosas habían muy sido diferentes, nos habíamos odiado en la adolescencia, habíamos competido en cierta forma por ver quién era la más inmadura y ella había sacado el primer premio. Luego, después de dos años de terapia el remanso por fin llegó. Fue en octubre del año pasado cuando le ofrecí viajar a Los Angeles y empezar de nuevo. No sé de dónde habré sacado la loca idea, pero funcionó. Cuando regresamos de aquel segundo alumbramiento todo cambió y se puede decir que he realizado todo un esfuerzo por hacer que la relación funcione. Supuse que sería esa la receta, no sólo con las parejas, sino que entre padres e hijos las faltas podrían enmendarse con voluntad de las dos partes, simple lógica, matemática sentimental.


Las lesiones no habían sido graves, el impacto de la caída solo afectó los músculos y yo me había tomado los días en el trabajo, lo que me daba tiempo para pensar. Ya estaba terminando las últimas asignaturas de la carrera de periodismo y comenzaría una nueva etapa el año siguiente, necesitaba un lapsus para deternerme y realizar un balance.


En un breve resumen, este año había pasado por el desenfreno, la angustia, la depresión, la desdicha como nunca antes y por la completa satisfacción y el bienestar más pleno. Según la doctora que regula mis emociones, un ser humano con estas características solo puede ser catalogado dentro del marco de la Bipolaridad. Esa palabra me causó al principio algo de miedo, también era algo desconocido y en cierta forma un término que estaba en boga por estos días. La misma Presidenta de la Nación había sido catalogada por varios artículos periodísticos como bipolar, yo nunca comprendí si era una simple estrategia de la oposición para hacerla ver como una persona desequilibrada emocionalmente o de verdad tenía la enfermedad. Que es un mal no voy a negarlo, pero me cuesta denominarlo enfermedad, nadie quiere estar enfermo. Al principio me dediqué a leer sobre el tema, busqué videos, libros, testimonios, quería salir de ese estado espantoso y decrépito que me había hecho perder siete kilos en menos de un mes y no sabía cómo. Entonces, cuando no supe más qué hacer o cómo rearmar el rompecabezas dentro de mi mente, busqué ayuda.


Los doctores me habían intoxicado lo suficiente con los antidepresivos equivocados y solo dijeron que fue un error. Lo único que quería era una vida normal.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Aquél rock and roll progresivo de la primera infancia


En el año 1985 yo apenas podía arrastrar un cajón de manzanas cargado de juguetes viejos. Recuerdo que llovió en navidad y que proyectaron Superman con Cristopher Reeve en canal trece, puede que también hayan dado Poltergeist. Afuera la gente lucía sus raros peinados nuevos, por la radio las Viudas e hijas del Roque Enroll cantaban Lollypop, pero dentro de casa aún predominaba todo el misticismo del rock progresivo de los 70's.
Solo había transcurrido una década desde la edición de Wish you were here de Pink Floyd grabado en Abbey Road, para mí era como haber nacido con ese mágico disco bajo el brazo.
Recuerdo muchas cosas, algunas un poco difusas como a Gianni Lunadei en Mesa de noticias, pero lo que más llevo grabado en la memoria de aquellos días es un cassette blanco que sonaba por las tardes. Se oía como una radio a la que le cambiaban el dial, voces, un fragmento de música clásica y depués la melodía que se haría indeleble en mis recuerdos. Así comenzaba Wish you were here.
El sonido del viento soplaba en la cima de alguna montaña imaginaria donde David Gilmour tocaba su guitarra mientras caía una intensa nevada, pero él seguía allí, imperturbable, tocando a pesar del frío. Aquella imagen recurrente surcaba mis pensamientos cada vez que sonaba esa cinta con mis ojos fijos en el techo.
Shine on your crazy diamond en cambio era como ver a Dios creando el universo, era imaginar planetas y constelaciones solo con escuchar el sonido de las cuerdas de Gilmour y aquel sintetizador que era capaz de transportarlo a uno en un viaje cósmico. Ese disco era como dar un paseo por el espacio exterior.

Wish You Were Here

So, so you think you can tell
Heaven from Hell,
Blue skys from pain.
Can you tell a green field
From a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?

And did they get you to trade
Your heros for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange
A walk on part in the war
For a lead role in a cage?

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl,
Year after year,
Running over the same old ground.
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.
(Waters, Gilmour)

martes, 3 de agosto de 2010

La pasión




La otra noche me encontraba en estado de insomnio post vacacional, y a las dos de la mañana me vi inmersa en una conversación más que interesante. Intentábamos con un colega del sexo opuesto debatir acerca de los sentimientos, las soledades y la posmodernidad. Temas tan complejos que sin dudas llenarían las bibliotecas públicas.

Entonces surgió de la charla una palabra de lo más atractiva y le dije: “podría escribir una reflexión sobre ella, no?” y él se ofreció a debatirlo si yo cumplía con mi premisa. La palabra era “pasión”. Yo decía que los periodistas y/o escritores adoran los elogios porque en sus escritos vuelcan toda la pasión que sienten al expresar sus ideas. A mí, por ser casualmente tan pasional, esas cinco letras me sugirieron sensualidad, porqué no erotismo, si cabe la interpretación ahora que lo he pensado más concienzudamente, creo que se trata de algo más profundo, pero lo primero que se me vino a la cabeza fue una escena de Lo que el viento se llevó en la que Clark Gable sostiene a Vivien Leigh entre sus brazos y la besa apasionadamente. Pero la realidad, por desgracia (para mi mente fantasiosa) no es igual a la ficción de aquél Hollywood de antaño.

Veamos, pasando a cuestiones más concretas, la pasión sería como el motor de la vida. Podríamos acaso tomar decisiones sin pasión?, podríamos vivir sin ella?. No es más satisfactorio equivocarse por ser apasionado que hacerlo cuando carecemos de este impulso?.

También pensé en otro factor importante al analizar esta palabra, y si la cuestión genérica influyera acerca de lo que cada uno pensara?, el análisis de mi colega podría ser totalmente lo inverso al mío o aportar sus aristas interesantes y completar las ideas que se vuelven con cada minuto más complejas.

En un momento se cruzaron en mi cabeza pensamientos acerca de la bipolaridad, la afección que torturó a Virginia Wolf hasta el ultimo día y que saboteara tantos proyectos en la vida de Edgard Allan Poe. Pensé en estos seres pasionales, en sus escritos, testimonios de las oscilaciones de sus estados de ánimo que iban desde la desolación hasta la dicha absoluta. Vidas dominadas totalmente por pasiones incontrolables. Entonces, puede la pasión enfermarnos o la enfermedad es la generadora de pasiones enfermizas?, acaso la pasión es bipolar?. Lo cierto es que en el común de los mortales, es decir, quienes no vivimos atormentados por nuestra propia genialidad este sentimiento es la base que sostiene muchas de las complejas estructuras de nuestras vidas, es más, hasta me atrevería a decir que constituye en sí el mismo deseo de vivir, ya que no se puede vivir sin pasión. Sin pasión no habría arte, ni ciencia, ella lo abarca todo.

jueves, 22 de julio de 2010

Aquelarre


Ultimamente, la oficina se ha vuelto un asco, quiero decir que el ambiente está bastante denso. Ya no son las usuales caras de: sigues aquí?, que notamos al principio, no, esto va más allá.
Basta que tengamos que discar otro interno para resolver un problema para que nos traten con absoluto desprecio, ya no es un desprecio personal, creo que estas personas sienten un desprecio absoluto por el género humano. Y como la mayoría son mujeres de edad creo que lo más parecido hoy en día a todo ese sub mundillo es un aquelarre.

viernes, 21 de mayo de 2010

El agua que corrió bajo el puente


Hace mucho tiempo que no publicaba. Mi vida acelerada de muchacha de ciudad me mantenía atada a mis múltiples obligaciones y le restaba tiempo al placentero vicio de escribir.
Muchas cosas sucedieron en este tiempo. Todo cambió radicalmente, ya no vivo con la misma persona, es más, ando sola por el mundo cargando mi pesado equipaje. Mil veces me he preguntado si me equivoqué, pero es un hecho que el tiempo pasa y se va rápido, no se puede vivir en el pasado.
Este verano fue como vestirme con la piel de una persona que no conozco y encarar la vida en pose triunfadora, yo lo creí. Me maquillé, me puse unos zapatos de taco negros, mi mejor vestido y conseguí un trabajo como recepcionista en uno de los bares más populares de la ciudad. Me codée con famosos y me topé con extranjeros con los que dialogué en un english very polite, intenté relacionarme con franceses y saqué a relucir mi oxidado alemán. Dejé que me alagaran y que me hicieran sentir como una diva de vitrina. Como no era suficiente me busqué un un departamento antiguo, blanco y amplio. Me mudé, viajé a España de vacaciones, luego a New York. Comencé mi último año de carrera y amoblé mi casa nueva.
El cansancio nunca llegó, pero la depresión volvió a derrotarme. No necesito ahondar en los síntomas angustiantes de aquellos días, cuando uno se quiere morir y terminar de una puta vez con tanto dolor.
Lloré y desée haberme emborrachado o estimulado de alguna manera que me hubiese hecho sentir al menos momentáneamente feliz. Pero rechacé definitivamente un nuevo tratamiento.
Es preferible aprender a enfrentar el sufrimiento humano (lo cual es un proceso natural), que anestesiarlo día a día con esas miniaturas que te hacen ver la vie en rose. La vida no es eso, la vida es felicidad, pero también es tristeza, melancolía y soledad y aunque estos últimos sinónimos sean los que más me reflejan hoy también se trata de un desafío superar los estados de ánimo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Venciendo la antisociabilidad


Hace mucho que no escribo, no por falta de tiempo, ni por falta de ideas sino por una de esas espantosas crisis de personalidad por las que creo que todo el mundo pasa. Y lo creo sin ninguna certeza, es decir, a ciegas porque no puedo decir que sea una persona que se caracterice por su sociabilidad.

Es más, ultimamente he tenido que descartar varias amistades que no aportaban ya nada a mi existencia, y no lo lamento. A veces los viejos amigos suelen convertirse en relaciones distorsionadas y difíciles de mantener, al menos cuando se trata de personas de distinto sexo, en algún momento alguien quiere trascender la barrera infranqueable y entonces se termina la amistad, ya no hay punto de retorno. Otras veces los años desgastan las conversaciones y los roles de amistad se tornan un círculo vicioso, nada saludable por cierto.


Es en esos momentos cuando me planteo renovarme, buscar nuevos amigos, pero justamente me doy cuenta de lo difícil que es para mi lograr este objetivo y aún más mantener las relaciones a través del tiempo. Sin embargo, no puedo negar que el hábito de relacionarse con otras personas sea un hábito por demás saludable y enriquecedor, solo desearía tener el talento que para ello se requiere.

domingo, 8 de marzo de 2009

Las fantasías de la Sra. Ofelia


La Sra. Ofelia está claramente, como su título lo indica, casada. Aunque cualquier desconocido que no supiera nada de su vida podría cometer el pecado de llamarla Srta. Ofelia. Ella es una colega muy particular que teoriza a diario acerca de las barreras (sino debo decir barrotes) que la aprisionan dentro de su matrimonio y se cuestiona si la monogamia es algo natural o impuesto con un propósito específico de la sociedad en la que vivimos.

Ofelia, al igual que yo y muchas mujeres, fantasea con amoríos extra maritales, juega con las palabras a darle un doble sentido a su vida, sin tener precisamente una doble vida que complique demasiado su modesta existencia.

A menudo se escapa a los bares con amigos y colegas entre los que dispara sus dardos escondidos por la ingenuidad que aparenta (y que a mi nunca ha terminado de convencerme); espera que alguien termine por enseñarle el camino hacia un horizonte más sórdido que matice su rutina naive. Y aunque yo solo conozca su lado oficial, ese que muestra en la oficina , sé que dentro suyo se libra una verdadera revolución. Sé que ella duda haber nacido solo con el propósito de casarse y concebir hijos y va en busca de un sendero más existencialista y que ese pequeño espacio laboral al que concurre apenas cuatro horas por día es el oasis para sus pensamientos de liberación que la hace revalorizar su precoz juventud marital.

A veces entramos en apasionantes temas, pequeños debates que desafortunadamente solo duran unos minutos, ya que siempre hay alguien presto a cambiar el objeto de conversación, en esos momentos adivino en los ojos de Ofelia (a veces en sus comentarios) unas ansias de concertar con alguien unas dos horas de placer carnal en algún tugurio de esos que abundan en esta ciudad, ella suele entonces esbozar una sonrisa maliciosa.

Ofelia siempre pregunta, indaga con el sexo escrito en su cabeza, quiere saber que hay más allá del hombre que todas las noches la espera en su cama. Si pudiera hablarle francamente le diría que principalmente no creo en el matrimonio y que cada mujer es libre como una paloma en el viento, libre para escoger sus amantes, sus amigos, sus compañeros de ruta así como los hombres lo han hecho a lo largo de la historia mientras nosotras ocupábamos los puestos de devotas y fieles esposas. Querida Ofelia: nuestra libertad ya no es un secreto, ni un mal ejemplo para nuestros hijos, es una puerta abierta para transformar aquellos viejos y falsos conceptos que nos mantuvieron esclavizadas e inmóviles durante demasiado tiempo.

jueves, 5 de marzo de 2009

La poesía no ha muerto

Estrechar una mano a hurtadillas, sentir como se dilatan las pupilas, rendirse ante una sonrisa, conocer a una persona nueva en una persona que creíamos totalmente conocida, así es la poesía de la vida. Cada latido renovado, cada suspiro robado por un encanto refrescante que acaricia la desgastada rutina es un despertar.
¿Cómo va a morir la poesía, si a días de llegar el otoño se hace verano de nuevo?. Si desear me hace sentir más viva, si siento fluir la magia por mi cuerpo, de un beso, del roce de una piel tan sensible como la mía, si puedo ir a Barcelona y con solo cerrar los ojos un segundo llegar hasta Oviedo.

martes, 27 de enero de 2009

Enero accidentado


Ultimamente mis dìas se dividen tres, en cinco, en diez. Despierto agotada, sofocada y apurada para tomar el subte y combinar con otro tren, luego un colectivo, al llegar recién serán las nueve. Haré de madre, cocinera, enfermera, mucama, lo haré con todo el amor materno, también abriré las cortinas suavemente para que el sol despierte a mi hijo herido

Moriré en un breve instante de un cansancio atroz junto a mi niño, pero ya será tarde, no habrá demasiado tiempo para descansar.

Prepararé el desayuno y enseñaré inglés, también deberé luchar contra el televisor apagado para mantenerlo así durante el mayor tiempo posible. Entretener no es fàcil.

Seré payaso, actriz, purpurina. Pero al mirar el reloj el tiempo correrá y se hará la hora de improvisar un almuerzo fresco e instantàneo.

Prepararme, despedirme y subir al tren parecen ser mecanicismos típicos de un androide, pero soy yo que tengo que cambiar de roles, despersonificarme e ir a un lugar en el que solo soy una empleada, pero ni siquiera en castellano, un abstracto '' file number'' de seis dígitos (¿serán ellos los que me hacen sentir cada vez más como un robot ? ).

Tomaré el tren de nuevo, caminaré bajo el calor agobiante de las primeras horas de la tarde de verano para llegar a la oficina e intentaré hacer mi trabajo de la mejor manera. Solo así se puede vivir en un mundo tan vacío.

Cuando termine la jornada será el momento de volver a la estación, de tomar el tren una vez más para darle a mi hijo mis últimas energías y preparar todo para mañana, después de todo, recién es martes...

lunes, 26 de enero de 2009

Vidas públicas, una aberración moderna


En un intento por distraer mi mente en el ciber-espacio sideral abro mi correo y aparece un mensaje para actualizar el programa que oficia de cartero postmoderno. Oh my God!, cuando lo veo y descubro que hoy en día somos todos periodistas, cronistas, escritores y que los diarios íntimos se han abierto... ¿para siempre?

Solo espero que no haya muerto el oficio del periodista formado en una redacción, a pesar de que hoy tengamos que estar más preparados (un momento, esto es una contradicción en sí misma). Solo ansío que esto no se trate más que de una moda pasajera, un vicio por el exhibicionismo de nuestras vidas ante el ojo del Big Brother que todo lo mira. Más que placer debería generarnos terror saber cuán vigilados vivimos hoy en día, cuánto de cárcel hay en esta pseudo libertad que la vida cibernética nos regala.

Por mi parte deseo desaparecer como mí misma de todo sistema de archivo que anda por ahí legitimando el poder de las máquinas y la internet en nuestras cada vez más livianas existencias. Deseo renacer cada día (que el tiempo me permita) simplemente como Mme. Verité; para que nadie pueda juzgar mis pensamientos, para jugar a las escondidas, para expresar lo más profundo de mi con un seudónimo, solo así tiene otro sabor. Qué espanto tanta falta de misterio, tanta falta de respeto por nuestra propia intimidad, qué tristes y patéticos que somos jugando a ser los más audaces, mostrando nuestros cuerpos y nuestras miserias.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Mensaje de una madre desesperada en vacaciones:

Vivo en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, soy madre soltera y supongamos que nadie pueda darme una mano este verano para cuidar a mi hijo (por suerter el mío tiene diez años); entonces: ¿qué hago?, recurrir a una colonia sería la opción adecuada, pero veámos que sucede, mejor dicho cómo están barajadas las cartas este año con respecto a este tema.
Después de años de albergar a nuestros niños durante las temporadas veraniegas, la colonia del Ateneo de la Juventud ubicada en la calle Riobamba al 100 (perteneciente al sindicato de empleados de comercio) ha decidido no abrir sus puertas este año. Así, este excelente establecimiento al que llegué por recomendaciones, dejará esta temporada a decenas de padres trabajadores, sin un lugar confiable donde dejar a los chicos.

Entonces, en mi caso comienza la carrera para encontrar otra colonia que me inspire la suficiente confianza, donde las instalaciones sean seguras y los docentes idóneos y experimentados, y no esté manejada practicantes que se rijan por la ley de ensayo y error, ¡justamente con nuestros hijos!. Y lo digo con conocimiento de causa porque fui una niña criada en colonias y escuelas de doble turno, y porque como madre también necesito de este tipo de lugar recreativo para mantener ocupado a mi pimpollo, que más de una vez tuvo que subir a un micro vigilado por adolescentes oxigenadas, enfundadas en mini shorts que más que seguridad me inspiraban terror; no por un temprano depertar sexual de los púberes que subían gustosos al transporte escolar, sino por la falta de madurez del personal para controlar a tantos niños alborotados, un verdadero peligro.

No quiero ahondar demasiado en el tema de las demás colonias privadas porque las mismas rondan los cuatrocientos pesos más transporte en el caso de ser necesario, para mí, un precio practicamente inaccesible con mi salario que solo pasa del mínimo graciuas a la asignación familiar del ANSES.

Así es como ingresando el patrón de búsqueda "colonia de vacaciones 2009" en Google Argentina, aparecen entre las pocas ofertas, la propuesta del Gobierno de la Ciudad. Esta colonia funciona de 9 a 16.30 desde el 6 de enero hasta el 7 de febrero. Pregunto a los Sres. organizadores de tal despropósito: ¿qué hacemos con los chicos después de las cuatro y media, mientras estoy en medio de mi jornada laboral promedio de nueve horas (ocho más una de almuerzo)?. Es evidente que quienes diseñan estos programas, no los necesitan , sino que se rigen por un modelo caduco e irreal en el que el padre trabaja y la madre no o existe una abuela que retira a los nenes en tal absurdo horario de salida. Ni hablemos de madres solteras, de padres separados, de la inflación que nos obliga a todos a salir a trabajar sin excepción, etc, etc...

¡Por favor señores!, abran un poquito los ojos y el corazón, en muchos hogares somos las mujeres las jefas de hogar, usen las benditas estadísticas para crear programas realistas de ayuda comunitaria y planes de educación, basta de soluciones a medias. Pero en esta ciudad parece más importante crear nuevas peatonales que proteger a los futuros ciudadanos.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Emir Kusturica & the No Smoking Orchestra otra vez en Bs. As.


El talentoso director de cine y compositor serbio regresa a Buenos Aires para presentar su trabajo "Time Of The Gypsies", el próximo 15 de octubre en el Luna Park.
Y por supuesto Mme. Verité tiene una anécdota para contarles:
Corría el mes de marzo de 2005 cuando trabajaba en el aeropuerto para Lufthansa, con mi impecable cabellera platino y el uniforme azul que más que de secretaria parecía de azafata. El caso es que el look me benefició milagrosamente cuando a pedido y súplica de mi mamá y de su esposo acudí como traductora "colada" a la conferencia de prensa que se ofreció en un lujoso bar del barrio de Abasto en honor a Kusturica.
Los tres nos ubicamos en una mesa que compartimos con periodistas acreditados.
No sé cómo lo logramos, el hecho es que mi padrastro Ale, mi mamá y yo pudimos ingresar al recinto con el fin de regalarle al músico las fotos autografiadas de los espectáculos marionetísticos que Ale realiza con la particular música del homenajeado compositor serbio. Con grabador en mano y el perfil bajo observamos cómo ingresaba Kusturica acompañado de su férrea asistente francesa y de Dr. Nelle (el cantante de la banda) que se ubicó a su lado.
Los ojos de Ale brillaban al ver a su ídolo hablar sobre el escenario como un niño deslumbrado. Debo aclarar que yo hasta el momento nunca había visto un film de ese tipo que parecía recién llegado de una noche de resaca, con la expresión exhausta de quién lleva un ritmo de vida fatal.
Comenzaron las preguntas y la conferencia de prensa (1ra a la que asistí) se llevó a cabo desastrozamente. Los periodistas no habían leído ni medio renglón acerca del músico, al parecer no habían presenciado el show que se había llevado a cabo en el Luna Park la noche anterior y poco y nada sabían de lo que le iban a preguntar. Eso me tranquilizó.
Nosotros estábamos ubicados bastante cerca del escenario por lo que las miradas cómplices de Dr. Nelle me llegaban directamente. Mamá me comentó que él era el cantante de la banda y que era un mujeriego sin remedio.

La parte interesante fue cuando todo terminó y los periodistas se avalanzaron sobre los músicos para tomarse fotos con él, en ese momento me acerqué directamente hacia ellos para darle a Kusturica las fotos de las marionetas tailandesas con las que trabajaba Ale.

La gente al verme vestida de algo que se parecía a una azafata se fue corriendo y abrieron paso hasta que quedé frente a frente con Kusturica mientras Dr. Nelle me miraba insinuantemente a dos cortos metros entretenido por la prensa.

Atiné a darle la mano y a dirigirme a él en un perfecto y practicado alemán contándole del arte de mi "padre" y de su ferviente admiración por su música, la cual empleaba en sus espectáculos, luego seguimos conversando en inglés y le dí las fotos autografiadas mientras Ale nos miraba desde atrás de la multitud en un estado catatónico provocado por el nerviosismo de tener en frente a su fuente de inspiración.

De repente apareció la francesa interrumpiendo ese encuentro mítico con la intención de llevárselo. Yo no sabía muy bien cómo seguir la conversación, pero la improvisación me salía bastante bien, éramos simplemente dos personas conversando, sin pensarlo estaba haciéndole una entrevista a uno de los directores de cine que actualmente más admiro.

En esa época yo recién tenía escasos veintitantos por lo que la invitación a la lujuria del Dr. Nelle que luego se me acercó, fue rechazada; igual sirvió para alimentar mi ego por un momento pero no pasó de allí. No ocurrió mucho más, porque la secretaria francesa arrastró a Kusturica entre la multitud y Dr. Nelle los secundaba mientras yo aproveché para despedirme del fatigado músico con un beso en la mejilla.

Al reencontrarnos los tres en casa de mamá no podíamos creer lo que había sucedido y desde ese momento supe que el periodismo era lo que quería para mi.