miércoles, 12 de octubre de 2011

Las huellas indelebles del Terrorismo de Estado

Mañana se habrán cumplido treinta años de la fecha fatídica en la que Romina llegó a este mundo. Lo terrible radica en lo pronto que nos dejó.

Durante los primeros años de su vida, los padres de Nina le contaron una versión acotada sobre este hecho que marcó a la familia desde sus comienzos. Hace escasos días ella pudo recomponer el rompecabezas completo y exorcizar los fantasmas que habitaban su mente.
A veces, mientras viajaba en colec
tivo o caminaba por la calle durante su niñez, buscaba obsesivamente con la mirada a aquella nena idéntica con la que serían como dos gotas de agua, se imaginaba jugando con ella, compartiendo las meriendas, andando en bibicleta. Nina tenía tanta imaginación que llegó a pensar que así como sucedía en la Historia Oficial, alguna otra mamá podría estar criando a su hermana, exactamente un año y seis días mayor que ella; estaba convencida de que alguien se la había robado y su sentido de justicia la llevaba a buscar más allá de los límites de la razón.
En su casa el recuerdo se había transformado en una leyenda que sus viejos contaban una y otra vez. La piel como nieve, los ojos azules, el pelo negro, conformaban una belleza de cuento de hadas que se había grabado en la cabeza del padre como un sueño dulce y a la vez terrible. De acuerdo con los médicos un problema neurológ
ico y congénito le impidió a la beba vivir más de seis horas, pero la madre estaba tan débil que jamás pudo verla. Exactamente allí se producía el gap que alentaba las esperanzas en Nina de que tal vez algún militar se hubiese apropiado de su par, alejándola durante años del lugar adonde pertenecía, no obstante, jamás resignaba la esperanza de verla por primera vez.
Todo era posible, aún desde muy pequeña Nina sabía que en el 81' el pueblo argentino continuaba oprimido y sojuzgado por lo milicos. A
muy temprana edad ya le habían inculcado tanto temor hacia los Falcon verdes y la palabra "política" que tenía la sensación de vivir en un país bajo un eterno estado de sitio, en el que la libertad de expresión no era más que una utopía.
La proyección de La Noche de los Lápices en la TV pública durante el 88' fue todo un acontecimiento y otro medio informativo por el cual los padres pudieron graficarle a la niña los crímenes y torturas que se llevaron a cabo durante los años de terror, esto avivaba encendidos debates que se extendían hasta altas horas de la madrugada, siempre en un clima de absoluto secreto. Durante muchas noches la pequeña familia se reunía después de la cena a charlar sobre estas cuestiones, siempre en voz muy baja, paranóicos de que los vecinos los escucharan y pudieran denunciarlos por subversivos, solo que esto había terminado con la ascención de Raúl Alfonsín, sin embargo, aún no se fiaban de la democracia. Así fue como en una ocasión, Nina se enteró de el día que sus padres se conocieron en el café La Paz, un primo de su viejo fue secuestrado por un grupo de tareas y jamás volvió a aparecer. Su madre era una atractiva y hippona estudiante de periodismo en el Círculo de la Prensa y en esa época frecuentaba los mismos lugares que Luis Alberto Spinetta, León Gieco y Alfredo Rosso (creador del Expreso Imaginario), eso la exponía a terminar igual que el primo desaparecido, sin embargo, la decisión de irse con ese flaco de pelo largo que recién había conocido la salvó de ser una más en la lista de los 30.000. La mismísima noche de aquella primera cita, un militar de alto rango que quería acostarse con ella, obnubilado por sus pantalones verde inglés que le marcaban el talle la estaba buscando para llevársela como castigo por sus desaires. Entonces, lo que representaba una suerte para la pareja por un lado, acarreaba una desgracia por otro porque apenas un par de años más tarde los dos enamorados se fueron a vivir juntos y debieron enfrentar el dolor de perder a su primer hija en las circunstancias más adversas.
Hace poco más de una semana, sentados en el comedor de la casa y sin buscar la conversación, el padre de Nina abrió una puerta o mejor dicho una herida que permaneció cerrada durante tres décadas. Ella intentó impedirlo, pero el hombre tomó aire y comenzó a relatar la historia con una energía en la voz que hacía imposible detenerlo: "Tu madre estaba muy débil, había perdido mucho peso y la iban a dejar internada durante tres días. A mí me dijeron que la nena había muerto y que tenía que encargarme. Yo era un pendejo, no sabía qué hacer,
entonces apareció el dueño de una funeraria, que me conocía porque yo había laburado para él con la ambulancia, te acordás que te conté sobre aquello?. Bueno, él habló con dos empleados y les dijo -trátenlo como si fuera mi hijo, y dénle lo que necesite, y por favor, no vayan a dejar solo a este muchacho bajo ninguna circunstancia-, me metió plata en el bolsillo y así me subí en un coche con ellos para llevar el cuerpo. Cuando llegamos a Ezpeleta se largó una tormenta tan fuerte que nadie quería entrar al cementerio, todo estaba cubierto de barro, pero no me importaba, yo quería hacerlo igual. Así que tomé el cajoncito y cargándolo en mis brazos busqué hasta llegar al lote, comencé a cavar con las manos, me hundí en el fango mientras me caía la lluvia encima". De repente el aspecto del padre comenzó a mutar, rejuvenecíó en un instante, o tal vez fuese aquél aire desvalido impreso en la mirada de un hombre asustado por su propia desdicha lo que llevó a Nina a tener esa visión. El capítulo estaba cerrado, los dos se quedaron inmóviles, mirándonse, invadidos por un silencio angustiante.

martes, 11 de octubre de 2011

De Constitución a Tokio


Catorce años después de la última vez que hablamos amistosamente me llevó al Bar Guadalajara, aquél que queda en la esquina más mugrienta de la ciudad. Me pidió que ordenara algo de tomar mientras me presentaba al gallego que regenteaba la tasca, estar con mi padre allí era el perfecto resultado de la ecuación entre hacer un viaje al pasado y estar protagonizando una película clase B en tiempo real. Nos mirábamos intermitentemente como dos extraños, un silencio espeso, casi tangible se adueñaba del momento, hasta que, para romper el iceberg que se erguía entre nosotros a mi padre se le ocurrió pedirle al pobre viejo que nos tomara una foto juntos. La situación se volvió cómica cuando el tipo se calzó unos lentes más gruesos sobre los que ya llevaba puestos para poder distinguirnos y tomar así la fotografía. Era de tarde y el lugar daba la impresión de que allí jamás salía el sol, o si lo hacía se escondía detrás de los edificios y dejaba a los tipos del bar sobreviviendo en un ambiente obscuro, artificial, taciturno, generando el clima más adverso para un fotógrafo improvisado.
Enfrente seguía existiendo el hotelucho que llegué a conocer hace ya veinte años, pude verlo desde la ventana, aquella pensión era imposible de olvidar, allí pasábamos las noches en camas marineras que apenas cabían en lo diminuto de la habitación. Aquél verano no pude hacer otra cosa que escuchar una y otra vez el último cassette de Xuxa que me habían regalado para Reyes. Pink Floyd, Queen y Alan Parsons habían quedado embalados en un guardamuebles esperando a que podamos mudarnos a un lugar más decente. Durante las tardes húmedas y calurosas me recuerdo mirando de a ratos el poster que venía con el cassette, la Reina de los Bajitos aparecía en él rubia, sensual, espléndida mientras mi mente infantil se preguntaba si alguna vez llegaría a ser tan bella o exitosa, soñaba con un destino diferente. Convengamos que mis fantasías pueriles eran algo desmedidas, lo sé, sin embargo estaba feliz de que el destino me hubiese llevado lejos de aquél submundo circunstancial y azaroso, de haber podido conquistar la independencia, saborear la libertad económica y espiritual tan precozmente. Llegué a Londres, Frankfurt, Madrid, conocí ambas costas de EEUU, pero papá seguía allí, nunca entendí porqué teniendo la posibilidad de hacer algo diferente con el resto de su vida no escapaba de esos lugares a los que seguía cotidianamente tan apegado, lo ví como un adicto que no puede abadonar su realidad.
Constitución es un mundillo sórdido de putas, travestis y chorros al que conozco bien, los que "laburan" allí son tipejos con maletines que se pasan las horas en cafés como el Guadalajara fumando sin parar dejando que el tiempo se escurra mientras intercambian fantasías acerca de cómo volverse millonarios. La mayoría de ellos está en el negocio de los relojes, Rolex, Bulova, Nike, tienen lo que les pidas, por eso papá siempre está ubicado en tiempo y espacio. El también lleva un maletín donde lleva las herramientas con las que arregla artefactos destartalados y artículos de procedencia dudosa en un local de compra y venta. Allí se pasa las tardes (jamás pudo levantarse antes de las once, ni llegar al trabajo antes de las doce) encerrado en una jaula antirrobo, sorbiendo café y aliviando las migrañas con Migral y Buscapina. A veces observarlo en su ambiente y recordar tiempos difíciles me llevan a pensar que no hay nada en el mundo que esté fuera de mi alcance, mi viejo sin saberlo me ha inmunizado contra la pobreza, la marginalidad y el temor habiéndome legado lo más importante que a su vez le enseñó su padre quien lo abandonó demasiado pronto: la firmeza para tomar decisiones y afrontar las consecuencias pase lo que pase.
En unos días parto a Tokio, hay veces como ésta en las que quisiera llevarlo conmigo para mostrarle que hay un mundo increíble que nace más allá de las fronteras de Constitución, pasar tiempo con él, contagiarle mi entusiasmo aventurero y hacernos un poco de sana compañía recuperando los años perdidos mientras compartimos un buen scotch. Por ahora solo se anima una vez por semana a venir hasta Montserrat y cenar conmigo, otra vez será, Japón....

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La premonición del pequeño pintor


Preocupado llegó a casa y me dijo: “publicaste en internet una foto de nosotros dos, en la cama”, mi corazón se aceleró, por un momento desconfié de mi sano juicio. El había visto por primera vez el cuadro de Toulouse Lautrec Le Lit y observó que los dos amantes eran tan parecidos a nosotros que creyó vernos reflejados en la imagen del célebre pintor. Los jóvenes duermen arropados por coloridas cobijas durante una noche invernal en una cama tan parecida a la mía que cuesta creer que realmente no seamos nosotros. Los labios de él son rojos como los del muchacho del cuadro, y el perfil de ella es sospechosamente parecido al mío, tranquilamente podría ser una fotografía alterada con paint, photoshop o cualquier otro artilugio tecnológico. Yo preferí pensar que tal vez Henri tuvo un déjà vu y nos pintó un siglo antes anticipándose a nuestro romance…

Del Psilocybe Cubensis y el Dalai Lama


El camino emprendido este año, es un camino sin retorno porque después de haber mirado por la cerradura de la deshinibición y la locura es imposible emprender la marcha atrás...
La noche de verano que me vió llegar por primera vez a La Plata conocí a K., un muchacho despeinado que navegaba por internet, hacía calor, así que no me sorprendió que me recibiera en calzones y medias, menos cuando me contó que N. (quien había emprendido un largo viaje y no se sabía de él hacía mucho tiempo) gustaba de practicar el nudismo sin importar quien estuviera presente. En ese momento el departamento era el epicentro de las reuniones Z platenses, allí convivían entonces cuatro fugitivos y transitaban otras tantas almas migratorias, todo parecía preparado para recibir gente constantemente, era una casa de puertas abiertas.

En la biblioteca del living descansaban varios libros de Deepak Chopra, Jiddu Krishnamurti, la Biblia y muchos otros ejemplares sobre ciencia y filosofía, en ese momento la búsqueda de la espiritualidad y el sentido de la vida se encontraba en la lectura. La experiencia de convivir en comunidad era un acto de rebeldía, un revival del espíritu de Woodstock se respiraba allí. Los muchachos a menudo se reunían a cocinar y a compartir veladas con música de violines, bombos y una trompeta opaca que solía dormir en un rincón polvoriento, fumar hierba cultivada en el balcón era algo natural que ayudaba a vencer las inhibiciones de los más reservados, la alteración mental duraba no más de dos horas, después cada uno a su casa o en su defecto a dormir en colchón en el suelo (los había de sobra).Los Z son un grupo de visionarios que busca transformar el mundo a través de la creación de un nuevo paradigma que desplace los valores mundanos del actual sistema capitalista. La idea surgió post Zeitgeist Addendum, así fueron nucléandose en todo en globo muchos jóvenes adultos que comenzaron a gestar la idea de que otra sociedad podía ser posible.

Días después de mi arribo a la ciudad estudiantil, más precisamente durante el estreno mundial de Zeitgeist Moving Forward, conocí a algunos Z de Buenos Aires, luego supe que se encontraban en la producción de la versión argentina del film de Peter Joseph y me comprometí a trabajar con ellos. Con el paso del tiempo el plan de hacer la película se fue diluyendo en ilusiones pueriles, más tarde sabría que como éste hubo miles de proyectos similares. Fabricar casas ecológicas, llevar a la práctica una economía basada en recursos (EBR), generar combustible de desechos para evitar la contaminación ambiental, derribar el negocio del narcotráfico a través de plantaciones particulares de Cannabis...tarde o temprano, todos estos planes perecieron, pero las ilusiones se seguían renovando como una fuente inagotable.

A mitad de año los Z de un bando se acoplaron a los del otro para emprender un viaje por las sierras cordobesas durante algo más de una semana de relax, alcohol y sustancias alucinógenas. Al regresar nada volvió a ser igual en muchos de los protagonistas de esta historia, esto coincidió con el temporario regreso de N. a La Plata quien introdujo a las reuniones el hongo popularmente conocido como cucumelo o Psilocybe Cubensis.

Los mítines de concientización social eran muy frecuentes y cada vez menos éticos; en una ocasión un hombre estuvo al borde del infarto, lo que provocó un auto-llamado a la conciencia del grupo y el festival de ese día terminó por suspenderse. Al mismo tiempo y en el mismo lugar, F., uno de los directores del documental emprendía un viaje onírico bajo el influjo del hongo, experimentando sensaciones que alteraron sus sentidos al punto de desviar el rumbo de su vida. El resultado fue violento, le pegó una piña en la cara a un tipo del que sintió una vibración negativa, yo esperaba no causarle esa impresión y que la situación no me obligara a defenderme, el río se estaba saliendo de su cauce y sus aguas me estaban desbordando.
Cuando volví a ver a F., el proyecto fílmico flotaba en el aire de la desidia, el guión ya no existía, y el trabajo realizado hasta el momento poco tenía que ver con las nuevas ideas que habían asaltado su cabeza en ese estado de enajenación. Como si esto fuera poco
había perdido peso y se había quedado prácticamente en la calle y sin dinero producto de la falta de trabajo. Sin embargo, él estaba convencido en seguir las señales divinas, nadie podría persuadirlo de lo contrario, lo nuevo es lo que debía hacerse, pero para ello había una condición: si quería participar, debería drogarme.

F.: Sos una mina inteligente, pero te falta algo, más sensibilidad, persuación y eso te lo va a dar la droga.
¿Probaste pepa?
Yo: No
F.: Bueno, deberías probarla, empezar por eso y vas a entender de qué te estoy hablando.
Yo: (silencio) Claro...
Antes se compartían una pizzas y el mayor estado de alteración se lograba con una botella de vino tinto o con un cigarro de marihuana. Nos reíamos un rato bajo los efectos los vicios pero la vida seguía y no perdíamos el rumbo.

En algún momento el proyector de aquella casa en La Plata se apagó, dejó de proyectar películas y documentales, los ocupantes
debieron partir, muchos regresaron a vivir con sus padres (aún los que habían pasado de los 30), entonces el sentido de la libertad encontró sus límites para todos excepto para N. que se refugió en una cuevas sanluisinas y que no le teme a seguir viajando o volando por aquí y por allá.


Esta historia me ha encontrado como simple observadora y ha sido necesaria para reafirmar que la búsqueda de la verdad se encuentra únicamente dentro de nosotros mismos y no es necesario el influjo de sustancias de ninguna clase para descubrir el amor, la compasión, el sentido del deber que llevamos dentro, en ocasiones tan oculto que nos perdemos por completo. Cuando hablo de drogas, hablo también de psicofármacos bajo los cuales también a mí me han hecho creer que me harían más feliz o más normal, nadie está excento.

Ayer, durante una conferencia del Dalai Lama, él hablaba de que existe en cada ser humano la capacidad de gestar un corazón cálido, del sentido común y de valores morales y los exponía como elementos que pueden salvar al mundo de la degradación y la violencia. No deseo juzgar a las personas sino resaltar los hechos que los hicieron desviarse de propósitos realmente nobles y altruistas y no pierdo las esperanzas en mi generación o en que estas mismas personas logren reencontrarse con aquello que los inspiraba a creer y a obrar en pos de una sociedad mejor.

martes, 13 de septiembre de 2011

Recuerdos prestados

A las dos y media de la mañana comencé a retorcerme en el colchón, interrumpiendo todo lo maravilloso que la imaginación construye cuando estamos dormidos. Mi espalda apenas toleraba el colchón y comencé a sentir el calor de la inminente primavera.Antes de eso había soñado con Baдин jugando de pequeño, esas postales me asaltaban de improviso últimamente, me intrigaba saber cómo buscaba leña para calefaccionar su casa en las montañas o cómo armaba muñecos de nieve con los demás niños. También me lo he imaginado a hurtadillas fumando sus primeros cigarrillos (demasiado temprano) y escondiéndolos en las cañerías y he pensado que si no le agrada que fume debería tenerme un poquito más de paciencia, me cuesta tanto dejarlo.
Creo que me he puesto bastante pesada en mis investigaciones nostálgicas y en cada oportunidad, aún cuando hablamos en inglés se me ocurre que me cuente sobre su niñez. Ayer mientras mirábamos el río le dije: "Tell me about your childhood", así sin más, como si nunca me hubiese contado nada, como si fuera la primera vez, y él con esa calma extranjera saca siempre algo de la galera mientras yo lo observo intentando retener las palabras y convertirlas en imagen.
Entonces comienzo a hilvanar en mi mente a un pequeño Citizen Kane jugando con su Rosebud soviético, apropiándome así de los recuerdos que durante la noche me harán encontrar la paz suficiente para volver a soñar...

lunes, 8 de agosto de 2011

Inconciencia colectiva

sEstuve viendo el documental de la BBC El Siglo del Yo: Máquinas de Felicidad y me ha servido para plantearme diversas maneras de seguir mi existencia como un ser aún más independiente de la nociva influencia publicitaria. Ya desde el primer el primer capítulo se puede observar cómo las tabacaleras se las ingeniaron para inculcarles a las mujeres el vicio de fumar, lo cual antes de 1920 estaba mal visto que se hiciera públicamente. El cigarrillo equivaldría a tener un pene, al poder masculino, saber esto me da ganas de no volver a tocar un cigarrillo en toda mi vida. Pero no debe malinterpretarse mi expresión como androginia sino como
aversión a estos influjos que demuestran que los humanos no somos más inteligentes que los canes:
1- He decidido no volver a comprar ropa en comercios convencionales.
2- Usar todo lo que tenga en mi casa hasta que ya no sea posible repararlo y necesite indefectiblemente reemplazar el objeto en cuestión.
3- Examinar la casa en busca de todo aquello que no es utilizado y regalarlo o desecharlo
.
4- Reafirmar mi postura de no mirar televisión e incentivar a los demás a practicarlo también. Dado que todo lo que nos dicen es con la intención de vender, decido no contribuir con la inmensa maquinaria del deseo.

5- Cuestionar más el origen de las cosas, sobre todo las publicidades dudosas encubiertas. Ej.: en Callao y Corrientes reparten folletos de un comercio que dice "Compre gratis". Al momento no hay novedades acerca de economías basadas en recursos (ie. sin dinero) que esten vigentes, por lo tanto esto no es más que otro tipo de engaño al consumidor.
Tal lo dijo Francis Bacon: "El conocimiento es poder" por lo tanto, quienes sabemos cuánto han sido explotados y condicionados nuestros cerebros desde edades tempranas por intereses corporativos que solo se interesan por el vil metal, debemos poner un freno al consumo programado. Tal vez sirva pensar en que todo lo que compramos contribuye al sufrimiento de otros, de aquellos niños explotados en países más despojados que el nuestro, que contribuye también a la desigualdad, yo no puedo (asumo que es mi postura personal) caminar por la calle con mi nuevo Android o aparatito de moda, sin mirar a la familia que duerme en un colchón a la intemperie, haciendo de cuenta que no sé que hay bebés y ancianos que mueren de frío bajo las autopistas de mi barrio. Tal vez haya muchas mentes anestesiadas que no lleguen a captar mi mensaje, el último párrafo habla de compasión.
Otro pensamiento que podría ayudar a replantearnos nuestra manera de consumir es cuestionarnos si acaso nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer, la respuesta seguramente es NO.
Hemos sido utilizados como conejillos de indias, han experimentado con nosotros desde la época del Topolín.
(Suspiros de indignación)
Pero esto es más profundo aún y con cada reflexión se pone peor. Deduzco que el márketing, la publicidad y las relaciones públicas han fragmentado al ser humano convirtiéndolo en un esclavo de su propio hedonismo. Cuanto más leo sobre espiritualidad me siento más lejos del mundo actual, y más ignorante de la esencia de mi ser, así me ha forjado la sociedad, así me he despertado con esta sensación contradictoria.

jueves, 28 de julio de 2011

Depresión vs. Manía

Hace una semana se me parte la cabeza de dolor, mi cuerpo no define si prefiere padecer de una gripe oficialmente declarada o de un desarreglo digestivo, se debate entre una sintomatología confusa, tan confusa como mis pensamientos. Hace más o menos el mismo tiempo coincidentemente que mis problemas emocionales se agravaron, una situación sentimental que pende de un hilo se balancea en un espacio sin tiempo. El padecer se prolonga y en este preciso instante me he quedado sola.
Después de un descanso necesario me han dado deseos de comer, me dejaron una nota sobre la mesa con algo de comida hecha pero con mucho amor que se descifra en la letra manuscrita de dos de mis seres más queridos. Pero no pude tolerarlo y la vomité.
Fumo un cigarro, escribo intentando librarme de los demonios que no me dejan ser aunque más no sea un poco más normal. Ni siquiera puedo definirme como un Lobo Estepario, porque éste disfrutaba de su soledad mientras que yo muchas veces (como hoy) la detesto y ansío desesperadamente pedir auxilio. He llorado un poco intentando aliviarme, he conversado con distintas personas sobre temas triviales sin atreverme a gritar: Ayudame!

Lo más incomprensible es que ayer fue un día de liberación, llegué a mi casa casi a la medianoche, saturada de tanta actividad pero feliz. Me habían pasado un millón de cosas buenas y había comenzado con algunos proyectos postergados hace tiempo. Ayer había decidido retomar el bienestar físico, volver a dedicarme a la danza, me había comprado también cinco libros escritos en alemán, entre ellos una tan deseada biografía de Mozart que llegó a mis manos por una afortunada casualidad celestial. Todo estaba bien y hasta tuve tiempo de cenar con mi familia, ponerme al día con mi madre, abrazar a mi hijo. Y entonces vuelve la desazón y mi espíritu parece derrumbarse como un castillo de naipes.

jueves, 7 de julio de 2011

Rita

Margarita Carmen Cansino nació el 17 de octubre de 1918 en Nueva York, el destino o la casualidad hizo que mis cumpleaños sean celebrados con solo dos días de diferencia al de ella.
Hija de Volga Hayworth, una bailarina de las Ziegfeld Follies que salió del mismo semillero que Louise Brooks, Paulette Goddard y Barbara Stanwick y de el bailarín español Eduardo Cansino, es lógico la niña haya heredado tanta gracia y talento.
Cuando comenzó su carrera como actriz decidió cambiar Margarita por Rita y hacer propio el apellido materno convirtiéndose para siempre en la inolvidable y hermosa Rita Hayworth.
Hace dos días recibí un mail en el que me contaban de un programa que emitió el canal Crónica, el documental se llamaba "La trágica vida de Rita Hayworth", el título me pareció evidentemente una exageración. Independientemente del mal de Alzheimer que la aquejó durante el último período de su vida, Hayworth vivió su cuento de hadas a lo Grace Kelly al casarse con el príncipe persa Ali Solomone Aga Khan. Lamentáblemente la historia no fue muy feliz y duró poco más de dos años. Las infidelidades de Kahn llevaron a Hayworth a pedir el divorcio. Así, una nueva página se abrió en la vida de la actriz cuando se casó con Orson Welles (otro nativo de octubre). El gran genio de la pantalla grande y la diva compartieron cinco gloriosos años de amor. Siempre me han llamado la atención las fotografías de esta pareja tan excepcional y talentosa, eran como los Birkin-Gainsbourg de antaño.
Inevitablemente, mientras viajaba por la madrugada invernal a bordo de mi taxi pensaba en Gilda, había visto tantas veces esa película...soñaba con la escena en la que la diva cantaba Put the blame on Mame mientras se quitaba un guante de raso negro, en el streaptease más naif y escandaloso de la época de oro de Hollywood. Me fascinaba la escena en la que el galán la lleva tras bambalinas y le pega un cachetazo. Corrían los años 80 y mi mente infantil anhelaba ser como ella, grácil, esbelta, preciosa, adorada por los hombres y envidiada por las mujeres.

martes, 21 de junio de 2011

No pertenezco

Pertenecer: Ser parte integrante de algo”.

















El sentido de pertenencia siempre ha sido un agujero negro en mi vida, un triángulo de las Bermudas, un enigma.
Me he resignado por momentos a formar parte de grupos sexagenarios que se amoldan en las poltronas de la Lugones, con viajar en subte en hora pico y mientras de fondo en las estaciones suena una cumbia ir escuchando I Pagliacci de Leoncavallo y conmoverme cuando llora el tenor. Me resigno a usar paraguas y a dejar de cantar por las calles a viva voz "Love is a many splendored thing" de Sinatra cuando estoy feliz.
He encontrado casos aislados de locura parecidos al mío, pero con el tiempo incompatibles, aquellos locos se van, se amoldan o cambian de tesitura, y permanezco en este lugar incierto que me ha tocado padecer.
Otro razgo de mi personalidad que me automargina es tal vez cierto sentido de justicia, ese afán por conseguir que las cosas sean equitativas para todos o protestar hasta que mi discurso sea realmente considerado. Claro que haciendo esto dentro de una multinacional se me ha visto como una plaga roja. Todavía recuerdo las caras de los primeros días de trabajo, cuando llegaba con el Página 12 bajo el brazo cada jueves para no perderme a Clara de Noche, leía los internacionales y se me censuraba por mis comentarios acerca de la tiranía estadounidense en la pseudoguerra de Irak.
Hoy nos agarramos dentro de una oficina a discutir pavadas, minucias que nos quitan a los trabajadores para ahorrarse unos centavos, los cuales invierten en cosas mucho más ineficientes que la satisfacción aunque sea parcial del empleado.
Otro grupo al que jamás perteneceré.

Arte:
Me siento bien ocasionalmente en las galerías de arte, museos, librerías grandes o pequeñas y bares notables, de hecho trabajar en un lugar así sería como un sueño hecho realidad. Sin embargo, el snobismo en su versión más cool me repugna, es tener una sensación parecida al entrar en un bar de moda y ver a todos vestidos para la ocasión. Si llevo puesta mi ropa más cómoda puedo dar por seguro que la marginación de las miradas será una invitación subliminal a emprender la retirada; si me visto mejor, dejo de ser yo para ser ellos. ¿Porqué banalizar la cultura?,
¿se puede ser nerd o snob si no se pertenece a una "familia bien"?. Esta es tal vez la mayor contradicción en mi vida, por un lado voy escuchando aThelonious Monk o Maria Callas y por el otro voy contando las monedas para viajar en colectivo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Espécimen xenófobo

Primero conocí a su esposo, una persona interesante, tal vez la más memorable de todo el staff de Lufthansa.
Lo veía entrar en la recepción con su larga melena negra diciendo : - A mí me pagan por mi laburo, no por mi aspecto - mientras, se reía delante del antiguo jefe de base (un clon del Fuehrer, austríaco de nacimiento y una sonrisa imposible).
Su actitud me sirvió para aprender a hacerme respetar en el corrupto mundillo laboral aeroportuario, luego también para reemplazar los tacos y la pencil skirt por cómodos jeans y zapatillas aunque mi destino me obligase a trabajar en una de las torres más paquetas del microcentro porteño. Su lema fue adoptado como mío y hoy entro al suntuoso edificio igual que como voy a comprar papas.
Su mujer, rubia, alta y llamativamente masculina me pareció desde el primer momento un personaje controvertido, noté que su trato con los clientes variaba en torno a su humor, por eso, a menudo nos vemos obligados a escuchar sus gritos, sus discusiones provocadoras, en fin, su sensación de descontento con toda la raza humana.
Sino despotrica en voz baja contra los judíos o los inmigrantes de países limítrofes, grita a viva voz su desprecio por los españoles: -los odio- dice -deberíamos dejar de atender a estos gallegos de pííí-.

Lo curioso de este zoológico humano integrado por la decadente esfera jerárquica de mi oficina es lo permisivos que pueden ser con la discriminación, así como lo injustos que son con los más dedicados, pero a esta altura de las circunstancias, a los pocos que nos queda sentido común, ya no nos asombra nada.

miércoles, 27 de abril de 2011

Historia de un amor de lata


Gomes Da Costa es un brasilero que solía dormir solo al lado de la canilla, se acurrucaba (muchas veces húmedo) para soportar el frío de la noche. Por las mañanas le gustaba sentir la brisa por la ventana y charlar con la enredadera verde que crecía majestuosa sobre el marco amarillo.

Su caparazón estaba cobrando el color del óxido y sin embargo seguía siendo tan entrañable y querido como el día que llegó de su largo viaje. Traía consigo dos sardinas enormes que venían de Brasil aún frescas y que sirvieron para la cena, entonces la familia decidió adoptarlo. Primero no supieron bien qué función asignarle dentro del hogar y así es como se convirtió en ayudante del pintor, en portador de cenizas y en esponjero. Siempre muy trabajador, siempre silencioso y amable con su traje azul y plata y su rostro amigable.

Gomez Da Costa ya no duerme solo, porque una noche, la señora salió a comprarle una compañera, le quitó las sardinas que usó para la cena, la limpió con una esponja llena de espuma y la recostó a su lado. La soledad ya no entristece al hombre de latón que descansa feliz junto a su bella sirena.

martes, 26 de abril de 2011

Crítica a un instrumento de dominación

Invade nuestro ámbito de trabajo, nuestras casas, se roba el tiempo de ocio nuestros hijos y parejas, ¿porqué nadie cuestiona a Facebook?

Cada vez es mayor el tiempo que las personas invierten en mirar por el cerrojo de la cerradura del otro, sin dudas, este es un fenómeno social que no puede ser menos que examinado. Para hacer un balance entre las ventajas y las desventajas de la era 2.0, basta con remontarnos a cómo era un día en nuestra vida antes de que se impusiera el uso del celular, la PC, la internet o el mismísimo Facebook.

En mi experiencia personal fui incorporando la tecnología a mi vida cotidiana no sin cierto disgusto y duda. Primero con el celular, me harté de ser localizada todo el tiempo en momentos en los que no quería hablar por teléfono sino disfrutar de mi vida en vivo y en directo. Me cansé también cuando aumentaron las tarifas y los sms (menos costosos) bombardearon mi tiempo. Lo curioso es que este fue método más que efectivo para llenar a los usuarios de spam (publicidades indeseadas).

Después vinieron las redes sociales, Facebook se convirtió en un boom, la gente estaba deslumbrada por poder entrar en la intimidad de otros, ver sus fotos, saber con quién andaba fulano o si mengano estaba libre y sin compromisos. A mí el tema aún no me cerraba, no me parecía divertido contemplar el exhibicionismo ajeno, el patetismo de querer aparecer en las pantallitas de todos me resultada incómodo, me generaba una especie de pudor ajeno. Creé mi cuenta en la que encontré la utilidad de difundir mis críticas y descontentos con el mundo y me entristeció un poco que Madame Verité fuese develada, era yo, con nombre y apellido de una mujer común. Facebook me había quitado el velo, el misterio se había diluído detrás de una red social.

Después, mi hijo de entonces diez años empezó a suplicarme que le hiciera una cuenta porque sus demás compañeros también tenían y él no podía estar "incomunicado", no pertenecer al mundo cibernético no era una opción para él, yo era una madre anticuada, conservadora, castradora. En esa época la respuesta fue un rotundo no a pesar de los berrinches y los enojos. No le veía el sentido a que un niño necesitara tal cosa. Un año y medio después cedí, porque me pareció que no sería tan nocivo que de vez en cuando entrara a contactarse con sus amigos, a quienes conocía del colegio (una de las condiciones fue que siempre aceptara a gente conocida, otra que no revelara ningún dato de contacto). Sin embargo unos meses después estoy lamentando que él no se despegue de la laptop. No quiere bañarse, colaborar en lo que le pido, preparar sus cosas para ir al colegio y se pone de mal humor por el stress y el cansancio que le produce estar horas jugando a través de... Facebook!

Esto me hace pensar que las redes sociales son como grilletes invisibles que nos pone el sistema, lo curioso es que nadie se pregunte ¿porqué reinan en nuestros hogares?, ¿porqué las pantallas no duermen?

Una de las primeras entradas que publiqué en este blog llamada Vidas Públicas, una aberración moderna, ya vaticinaba estos temores, la percepción no me falló por eso es que aún sostengo lo escrito en esa ocasión.

Así como llaman en España a la Telebasura, la internet en su peor expresión y mal utilizada puede convertirse en un arma de doble filo entre las relaciones reales y tangibles. En pos de tener un millón de amigos como Roberto Carlos, estamos enfrentándonos con nuestros afectos más cercanos, descuidando los lazos verdaderos, enajenándonos frente a un monitor. Deberíamos preguntarnos si no nos hace sentir un poquito absurdos el modo en el que elegimos que el mundo nos mire, ¿necesitamos que nos miren tanto?

lunes, 28 de marzo de 2011

Lo entrañable de los libros

Ellos son transportadores hacia otras galaxias, otros tiempos, otras identidades. Cada uno representa todo un mundo en sí mismo.

La adrenalina de tener un nuevo ejemplar entre las manos, me colma el pecho de esperanza, ellos siempre son deseados con antelación muchas veces por influencia de la crítica, otras porque un determinado autor logra conmoverme con su lenguaje, o tal vez porque en la infancia me topé con algún relato que evoca aquellos días en los que el mundo olía nuevo y todo era recién estrenado. Entonces mamá tenía tiempo de llevarme a la Biblioteca Popular de La Boca y allí sentada en la fuente del patio enrejado leía los ejemplares amarillos de la colleción Robin Hood.

Lo cierto también es que tengo dos extensas listas, la de los clásicos que nunca se termina y los recomendados por un ex profesor poeta que siempre al final de la clase solía leernos un fragmento cuidadosamente elegido para la ocasión. A los que ya amábamos la literatura nos abría aún más el apetito y a los demás al menos les despertaba la curiosidad de poner al menos la punta del pie en alguno de los universos fantásticos que nos recetaba el Sr. Gruss. Muchos conocieron en su cátedra la melancolía de Pessoa y la angustia de Primo Levi y su amor por la vida.

Cuando se trata de leer no importa si es de primera mano, de una librería suntuosa o uno usado de feria o de la batea de las ofertas. ¿O acaso si quisiéramos viajar en el tiempo tendría importancia que la máquina esté derruída u oxidada?, nos subiríamos igual. Lo importante es que ellos siempre tienen algo nuevo y fresco que contar, más allá de su edad, porque en su interior podemos observar el paradigma cíclico de la historia. Así es como Marx no pierde vigencia en sus denuncias (seamos francos, la vida misma no ha cambiado tanto desde la revolución industrial), seguimos trabajando en condiciones cada vez más hostiles para reproducir un modo de vida que cada vez se nos hace más inalcanzable. Todo está más o menos como lo describieron ya en el siglo XIX y está plasmado allí en la literatura.

Así que los libros vendrían a ser como hijos y como abuelos a la vez, cuando los compramos es como si nacieran, luego van creciendo a medida que avanzamos en el relato, nos van mostrando su sabiduría, nos cuentan sus historias hasta que al final, una noche los levantamos de la mesita de luz y mueren al llegar a la última página.

jueves, 24 de marzo de 2011

Feriado

Siento latir la ansedad que galopa hasta mi corazón, me desvela, me aqueja un mal que apenas puedo soportar.

Me siento atrapada, es feriado y estoy en la oficina, afuera las calles están semidesiertas, solo se ve gente en plan de goce. A mí me costará disfrutar del resto del día, lo sé. Cuando llegue a casa pienso tomarme dos de las amarillas, dos y si es posible sumaría un poco de alcohol, prefiero caer rendida y despertarme dentro de un día nuevo, en lo posible mañana.

En mi cabeza los pensamientos van en círculo, ein Teufel Kreis. Recurre en mí la idea de acabar con las dudas y arrancar las preocupaciones de raíz. Se acelera mi respiración, necesito descanso. Quiero tener ganas de salir y disfrutar, pero no las tengo y si pudieran comprarse las ganas yo no podría obtenerlas (otra vez pensando en mi magro salario). Cada persona que me cruzo me dice:-eso no es un sueldo- y tienen razón pero me estanco en la desdicha, la soporto como un castigo merecido.

Acá la gente molesta, tose sin taparse la boca, saluda con falsedad y muecas de desprecio, hablan a las espaldas de otros,etc, etc... cada vez los quiero menos compañeros, sépanlo.

Me faltan dos horas veinte, pero el tiempo parece detenido, todo pasa allá afuera, acá desfallece mi alma dentro de esta torre negra.

Si pudiera lloraría muy fuerte para desahogarme, me haría bien, pero no sé si tendré las fuerzas para lograrlo. Estoy cansada hasta para llorar, anoche no pude dormir, el insomnio trastorna, corroe.

Ya empecé a llorar, tuve que cubrirme la cara para que nadie me viera. definitivamente estoy desestabilizada por el stress. Los ruidos me hacen mal, la tostada que cruje en la boca de Pablo, la voz de Graciela, el click! del mouse, la tos fingida en el fondo, las voces amaneradas, un sorbido al mate.

Respiro fuerte y rápido, imposible serenarme, escribo lo más frenéticamente posible, reflexiono, me angustio, lloro. Ni siquiera esto me desahoga.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Fresco de trabajadores y protestas


Desde el 9no piso de la torre puede verse a la mariposa ocre luchar contra el viento sur. Debajo se extienden horizontes de color, colectivos de lata que parecen juguetes viejos. La gente viste tonos que semejan acuarelas alegres, reniegan de la llegada del otoño, le huyen al marrón y al gris de las bufandas apolilladas que duermen en sus placards.

Alem está cortada por una movilización y se me ocurre al ver el despliegue que deberían ser más jocosas estas protestas; sería bueno que los manifestantes salieran con pinturas a cubrir las fachadas de las nefastas entidades financieras con murales, los trompetistas se animen a soplar para amenizar las rutinas de los apagados oficinistas y las mujeres bailen con faldas amplias cual bahianas en carnaval.

En el Luna Park un hombre vestido con un uniforme marca Ombú y zapatos de trabajo tiene la noble tarea de pintar las butacas del recinto, el sol le toca la espalda y tiene la fortuna de ver desde allí a las chicas bonitas que hacen cola en la boletería de la esquina, qué excelente labor!.

domingo, 6 de marzo de 2011

Presa en el Imperio

Dos televisores permanecen encendidos, día y noche en la recepción de un hotel familiar en Washington. Por la mañana de 6 a 10 se sirve el desayuno, después solo queda la cafetera. En el salón resuenan versiones de temas pop convertidos en música funcional por alguna sinfónica de origen 2.0.

Mujeres con burkanas escriben en cuadernos blancos, todas juntas en una mesa, parecen damas de luto. Un ciudadano afroamericano no hace más que navegar por internet, hace horas permanece sentado frente al monitor. El front desk es atendido por un muchacho obeso de orígen latino que mira videos en Youtube durante practicamente toda su jornada laboral. Es comprensible, el mismo empleado anoche me recibió a las 23hs, hoy son las 3 de la tarde y sigue ahí, cumpliendo su turno.

El teléfono suena intermitentemente y afuera llueve sin parar, como si se acabara el mundo hoy mismo, todos los ruidos convergen en la sala. La gente viene y va, hacia los centros comerciales. Jamás hay más de cuatro personas en este pequeño hall, pequeños grupos, mucamas, el señor del shuttle que viene a ver si alguien tiene que ir al aeropuerto.


Ha sido un día largo, demasiado, porque alguien me despertó por error o programó mal el conmutador y mi teléfono sonó a las 6.04 en vez de a las 8.40 como pedí. Todo contribuye a este estado de ánimo presidiario, estoy atrapada en un imperio en decadencia.

Fox News bombardea con su cultura del terror, lo que más me llama la atención son las publicidades de medicamentos, los laboratorios realmente hacen un buen negocio aquí. Ellos son como se diría en España "los que parten el bacalao". Hay píldoras para todo, incluso para enfermedades específicas, en los avisos se habla de cómo realizarse un autodiagnóstico, pídale a su médico que le recete nuestro elixir contra el dolor, qué locura!.

Habrá algún medicamento para curar la avaricia de los dueños de Pfitzer por ejemplo? o la de los miembros del board meeting del Bilderberg Group?

Mientras corporaciones como Coca Cola Co. (por mencionar otro rubro) sigue amasando sus millones la gente tiene cada vez más hambre, trabaja más por salarios magros y protagonizan protestas masivas, cosas inimaginables en Freedomland. Inmigrantes africanos son empleados durante los siete días de la semana para mantener lo que ellos llaman un estilo de vida mejor al conocido.

Pensándolo bien, inmersa el en ojo del huracán neoliberal, me quedo con mi querido Buenos Aires. Traducido al lenguaje universal: no veo las horas de volver...

sábado, 5 de febrero de 2011

Carácter contrariado

Estoy así, de un humor particular y cuando eso me pasa creo que podrian irse todos un poquitito al diablo. Me pone contenta estar en casa de nuevo, entre mis cosas y no quiero hacer abandono de morada, me gusta el encierro mientras tenga un ventilador y libros, muchos libros. Pero estoy tan jodidamente mal que hasta vería televisión como una autista, observando simplemente el corto horizonte de puntos centelleantes parpadeando en los culos de las vedettes, porque es sábado y dudo que den otra cosa.

Acabo de volver y debería estar feliz, pero en cambio, estoy enojada con el mundo real, con mi vieja que se zarpa, con la vida que me impone desafíos que me dan ganas de decir basta!, necesito respirar hondo.

Quiero acostarme a vegetar, ya comí, un huevo y no pienso levantarme para hervir otro, no queda mucho más en el fridge. Estoy hinchada las pelotas de esperar, y a mí no me gusta esperar a nadie, ni siquiera a mi madre a quien tambíén en días como este me gustaría mandar un poquitito al demonio.

Siesta, silencio que dura una hora y media y el ring del teléfono que me trae de nuevo a la realidad: -Hola...ah, hola ma. Sí, voy para allá-

Citi-shit

El sistema me corroe, me corrompe, me intimida. Acabo de pagar tres tarjetas de crédito y me quedan céntimos para vivir. Ideas entre suicidas, tragicómicas surcan mi mente, pero solo en el plano de chiste nefasto. Citibank quiere llevarse mi alma y hay que detenerlo.

Avisos de ultimátum y notificaciones de vencimiento me llenan el buzón de papeles inútiles y la cabeza de preocupaciones que sencillamente no tienen gollete.

El trabajador de clase media no puede tomarse vacaciones, o sí, pero debería nunca regresar. Volver implica retomar la rutina, girar los pesados engranajes hasta terminar de cancelar las deudas, enviar a los chicos de nuevo a la escuela y comprar, comprar para que no les falte nada.

Las necesidades aumentan, la canasta básica también, pero los salarios permanecen congelados, fríos, helados.

Gracias a Dios que me quedan algunos libros por leer para transportarme a otro planeta, donde no existen las boletas de teléfono, luz y gas.

Muchas veces parece que el Sr. Banquero me estuviese tomando el pelo cuando me envía cartas en las que me comunica que tengo un fabuloso préstamo pre-aprobado por el Citi-shit, una verdadera compuerta a la desgracia del endeudamiento eterno. Las puertas del infierno financiero del pobre obrero o del infeliz oficinista. Claro, es que el gordo Banquero vive de los intereses, le chupa la sangre a gente como yo. Pero yo no soy una víctima sencilla, le voy a pagar en cómodas cuotas e intentaré meterme los plásticos por el culo antes de volver a usarlos y aumentar la sed del vampiro.

lunes, 24 de enero de 2011

Sala de espera


En el consultorio del Dr. G hay una señora muy paqueta, blondísima, ella ojea una revista con disgusto y dice "buenas tardes" cuando el Vasco y yo irrumpimos en el consultorio. Muy educados respondemos al unísono -buenas tardes señora- y tomamos asiento en el sillón justo frente a ella mientras él alcanza a tomar una edición de Caras y Caretas.
El Dr. G no ha llegado y para amenizar la espera también ojeamos cada uno una revista intercambiando comentarios, anécdotas, observaciones y generalidades. Algunas páginas después nos cautiva un artículo sobre Martín "Macoco" Álzaga Unzué que contaba sus hazañas de playboy de la High Life de los 20´s, el despilfarro, el Morocco de New York, su relación con Al Capone y Ángel Firpo entre otras cosas. Nosotros nos detuvimos en la historia del apellido, a lo que el vasco acotó: - Y... si está manchado, es una cagada-. Los Álzaga Unzué estaban llenos de manchas y asociados a conspirar en contra de los procesos democráticos.
Muy disgustada, la Sra. se incorpora e increpa a Inés, la secretaria del doctor, a lo que ella responde - no se preocupe que ya está por llegar-. Luego se sienta (no sin largar un bufido de descontento) y hace su aparición el esperado Dr. G.Mientras atiende a la Sra. nosotros nos dedicamos a reirnos a carcajadas después de descubrir los retratos de dos adolescentes de rostro anticuado y exótico, quienes presumimos serían los hijos del Dr. El muchacho parecía uno de los siniestros hermanos Shoklender, la chica tenía un aire de desafortunada fealdad.

Sunset Park criollo

Hay una casa en La Plata, habitada por jóvenes que viven al costado del sistema. Sus cabezas despiertas ven lo que el ojo anestesiado del Sr y la Sra común no toleran. Son chicos que se cuestionan lo que subyace detrás, porqué las cosas no funcionan, porqué existe tanta inequidad y ese costado filosófico es lo que los hace diferentes a aquellos que viven bajo el amparo de la pseudo seguridad de estar entre cuatro paredes frente a un monitor.

En la casa se pinta, se proyectan documentales sobre las paredes, se debate sin censura, se bromea, se ironiza, se vive. Allí no existe un televisor encendido, sintonizando a TN o Big Brother , no necesitan saber "lo que hay que saber" según el cuarto poder.

Si bien toda una generación de jóvenes y brillantes pensadores ha sido diezmada por los gobiernos sangrientos que dejaron sin cabeza a la nación, se renuevan las esperanzas de un pueblo cuando surgen nuevos cuestionadores. ¿Acaso así no evolucionó la humanidad a lo largo de la historia?, ¿cómo si no fue a través de los llamados rebeldes?.

Hoy, la cuestión de fondo es precisamente la desigualdad, la mirada esquiva y la manipulación que el sistema pretende lograr en pos del consumismo, del individualismo, de la fragmentación. La gente vive inmersa en la llamada cultura del terror o en la que se ponga de moda según los intereses de quienes llevan la batuta o las acciones en la bolsa.

La casa está abierta y se me antoja una escena de unos jóvenes llamados Buñuel, García Lorca y Dalí en una residencia de Madrid. Ellos eran grandes artistas, locos, revolucionarios quizás nuestros muchachos sean más grandes de lo que pensamos, no lo subestimemos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Yuppies

Hoy no podré sentarme al sol en la plazoleta que matiza el gris del edificio espejado. Desde la altura se ven las copas de los árboles bailar violentamente, lloverá. Será algo complicado hacer de este un gran día depende de mi fortaleza para enfrentar chaparrones. El paisaje afuera se ve como un bosquejo en carbonilla.

Me doy cuenta de que necesito ese ratito de sol, sentarme los treinta minutos de descanso en el césped que nadie se atreve a pisar. A veces creo que le temen a la naturaleza, o quizás sea algo más simple, los hombres no quieren arrugar sus trajes y las mujeres temen clavar los tacones en la tierra, yo no.
Desde que llegué a la elegante torre nunca dudé en pasar mi tiempo libre tirada al sol, siempre que hiciera calor sacaba mi mantel de cuadros azules y preparaba un pic nic. He pasado lindos momentos junto a dos amigos que trabajaban conmigo, ahora, de los mosqueteros solo quedo yo.
Hoy me basta con fumarme un cigarrillo con las piernas extendidas con un libro o una revista en la mano o escuchar a Django Reinhardt mientras tuesto mis mejillas.
Así como las plantas realizan su proceso de fotosíntesis yo sigo mi rito de lunes a viernes y canto a los yuppies para mis adentros la canción de Billy Bond y la pesada -Salgan al sol, revienten!- . Mamá solía cantarla, sospecho a ella tampoco le gustaban las oficinas y por eso se dedicó a salvar vidas.

martes, 18 de enero de 2011

Baño de luna

Dos mujeres yacen en reposeras blancas, tostándose al calor de una charla nocturna. Cuarto menguante en el cielo, las lágrimas pelean por salir de los ojos de la rubia, la morena la escucha e intenta consolarla.

Realmente no tiene motivos para llorar, la noche es perfecta, clara, las dos tienen en la mano una copa de vino, comparten cigarros armados y observan la luz que sale del interior de la pileta de natación. El paisaje es más que agradable. En realidad, no solo es el paisaje, es la estupenda cotidianeidad, la vida misma pero la rubia no lo ve, no se da cuenta.

Por dentro la morena, un poco más reflexiva piensa: A veces lo tenemos todo, o tenemos bastante, sin dudas. Y se pregunta, cómo puede no ser suficiente para esa otra mujer que yace a su lado, bella, inteligente y capaz pero que ha llorado desconsoladamente porque el hombre al que desea no está. Sus ojos hinchados y su rostro triste hablan más que ella, se pregunta mil cosas que en aquél momento no tendrán respuestas, indudablemente hay que dejar el tiempo pasar.

Como por arte de magia surgen de la charla recuerdos nuevos, momentos divertidos que la rubia aún no ha confesado, que ha omitido porque prefiere dejarse invadir por la amargura, sin embargo están allí y cuando salen logran arrancarle una sonrisa y alguna que otra carcajada pudorosa. -Hay muchas cosas afuera- dice la morena,- muchos momentos que merecen ser vividos y a veces necesitamos entretenernos hasta que aparezca aquel gran (papelito en el borde de un cuadro que dice:) Amor Verdadero- .

-Me quedo- , le dice a su amiga, - no podría dejarte sola en una situación así. Cada quién conoce sus propias angustias y yo sé muy bien lo difícil que es lidiar con los demonios de la soledad aún en noches como esta- .

Al volver a la casa ya es de madrugada, se recuesta en el sillón prestado y se duerme casi instantáneamente.

lunes, 17 de enero de 2011

Riding waves on the sea of love


I don´t care to be corny today, I don´t a give a damm about being intellectual, I´m in love!. And I guess it should be the same for everyone, even for the writters, artists and journalists too, absolutely everyone at least one time in their lifetimes. And this is such a wonderful feeling I´ve never experienced before, that is hard to understand this is real yet.
There´s a lot of things in the universe that should happen in order to meet him at last, but it did, isn´t it incredible?
Two souls swimming in the deepest loneliness and finally converging into the same point at the very same time. Technology and Facebook helped of course, but it was a matter of seconds to start the talking and arrange the date we were going to see each other for the first time, and then the explotion inside my heart when I saw him standing near me at the book store, looking at me while I was holding an album of Marilyn Monroe.
My favorite places, my favorite play, my favourite drink on the same night with this fabulous stranger .
Was it the chance?, the destiny? or the God I prayed to at the church earlier that day?,I don´t know, however I can feel like someone´s taking care of me from up in heaven, I must believe.
And the story gets even more absurd or unexplainable to me and my logical way of thinking, but it doesn´t matter as long as I know he´s just a few miles away thinking about me.
I wished so hard to find somebody like him but I never thought It would be this way, or I could feel so lost and joyfull.
Sometimes is hard to know if I´m awake or asleep., the only thing I know for sure is that I´m no longer alone and that feeling of missing one part of me is vanishing quickly while I´m riding waves on the sea of love.

domingo, 2 de enero de 2011

Cortometraje

Dos personas que recién se conocen caminan por la noche hablando de El Eternauta, intentando recordar los nombres de los personajes bordean la Plaza Congreso, están allí mismo, donde se libró la batalla. En su cabeza ella imagina la nevada mortal y se siente dichosa, esta vez está acompañada y recorre el camino que tantas veces la llevara de Av. de Mayo hasta su casa tomando su mano.

Un poco más adelante pasan por la Botica del Ángel, se impone el recuerdo de Vergara Leumann y comienza un ping pong, un zapping verbal por aquellos programas de la infancia. Atrévase a soñar, Benny Hill, Grandes Valores del Tango...uff

El cielo esta despejado y se ve desde el balcón, ni siquiera hace falta espiar a la luna para saberlo, no lloverá.

Momentos antes se sentaron en el Tortoni y ella guardó en su bolso dos sobrecitos de azúcar como recuerdo, una costumbre, un ritual. de todos modos no se olvidaría del salón vacío con el piano en el fondo, de los brasileros que hablaban sin cesar en la mesa de atrás, de la deliciosa conversación.

Varias casualidades confluyen, un hombre y una mujer se encuentran, alivianan el peso de sus soledades, él sonríe, ella se deleita.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ridículo institucional

La última moda en mi trabajo son las felicitaciones a destiempo. Como acaba de comenzar el último mes del año, los supervisores y la Gerenta Regional (Regional Manager) deben ponerse al día por órdenes de la casa matriz, entonces deciden repartir condecoraciones a los mejores asslickers del semestre y por supuesto del año. No solo se entregaron los premios atrasados de septiembre en adelante, sino que también nos felicitaron por nuestros cumpleaños:

El mío fue ya hace casi dos meses (?) pero lo más insólito fue cuando nombraron a mi mejor amigo que cumple años en enero jaja, no pude aguantar la carcajada, menos cuando me acerqué a la cocina y vi que habían comprado facturas para celebrar los aniversarios. La ridiculez institucional no tiene límites.


jueves, 2 de diciembre de 2010

Cinefilia precoz

Habré tenido seis años cuando vi por primera vez Lo que el viento se llevó, Scarlett O´Hara y Rett Buttler teñían de kitch la pantalla de mi televisor, anocheceres rojos coloreados, besos robados, el desprecio fingido de ella, la indiferencia por parte de él, el teleteatro del amor. Scarlett lucía un vestido verde hecho de cortinas aterciopeladas en una escena del legendario film, yo jugaba a imitarla con el acolchado de raso de mi abuela Elena, costurera de vocación en un conventillo de chapa y palos enmohecidos. Así pasaba las tardes de verano en una casucha donde los gatos desfilaban con trajes que yo misma les hacía, los príncipes felinos andaban rampantes con sus capas moradas.
Por aquella época me deslumbró también la ternura de Toto, el jovencísimo Salvattore de Cinema Paradiso quien se enamoraba de otra Elena (que no era mi abuela) y hasta llegué a pensar que cuando fuera mamá, mi hijo se llamaría como aquél muchacho. Pero cuando tuve a mi bebé con el primer amor adolescente (cosa que Salvatore y Elena no llegaron a hacer), el nombre no iba bien con el apellido francés más acorde a la Nouvelle Vague que al Neorrealismo Italiano así que me resigné y busqué no solo uno, sino dos nombreas más apropiados: Patricio, caballero de noble estirpe e Ivan como los zares rusos, ¿influencia de Dr. Zhivago tal vez?.
Así descubrí que los amores de pantalla son eternos, no como los de la vida real, permanecen intactos en cintas como Casablanca o Algo para Recordar, y aunque hoy sea esta mujer a veces un poco sarcástica y demasiado crítica o pecadora aún creo un poquito en aquellas historias y a veces me gustaría hacer las maletas e irme a vivir allí.
La Marilyn Monroe de The 7th Year Itch, la inmortal y hermosa Gilda, la Audrey Hepburn que desayunaba en Tiffany´s me hicieron pensar que podría vivir en mi propio mundo aún en esta jungla de plástico que es la posmodernidad. Entonces recorrí las ferias americanas hasta encontrar unos guantes de raso negro, revolví canastos en Londres hasta encontrar un vestido de GBP1 y en una batea de San Telmo me compré unos lentes de sol Dior. Tampoco tuve que obedecer los cánones de belleza actuales tendientes a la anorexia, las mujeres como Sophia Loren llevan el poder en sus curvas, aceptar mis caderas maternas y enfundarlas en pencil skirts me acercan más a esas diosas del celuloide.
Todos esos films cargados de jazz me han tocado tanto mis fibras que me confieso una adicta de aquella música refinada y sentimental. Si llueve intermitentemente es común que se me de por escuchar al dúo Sinatra-Dorsey , si en cambio garúa Django Reinhardt transporta a los 20's con su Minor Swing, si llueve a cántaros a Billie Holiday me susura lamentos negros y si sale el sol reina en casa la voz de Anita O' Day.
Es el espíritu de aquella época de oro que para mí abarca desde los comienzos del cine, con Meliés hasta los 60´s (y mejor si es en blanco y negro) la qJustificar a ambos ladosue me marcó mi vida para siempre, la que me hace sentir una intrusa del siglo XXI.

martes, 30 de noviembre de 2010

Adiós

Lo decidí, voy a dejarte acá, a un costado de la ruta, no me molestes más.
Ultimamente estuviste surcando mi mente durante días y hasta te diste el lujo de fastidiarme por las noches, ya no lo soporto.
Por eso prefiero estar cenando sopa de avena a pedirte de nuevo que me hagas compañía y me digas que no.
La otra noche fue interminable, un laberinto que no acababa de recorrer, buscándote de a ratos y vos jugando entre las sombras, con ellas.
Cuando amaneció y me acosté rendida del cansancio nada había terminado, yo seguía buscándote en la oscuridad, era una agonía eterna hasta que decidiera hacer algo, hasta que me dignara a despertar a pesar del agotamiento.
A las diez de la mañana me levanté sin la ayuda de despertadores. Había dormido solamente cuatro horas después de un día intenso, pero la noche había sido doble, una real, otra en el sueño. Doblemente amarga, doblemente solitaria.
Ya no estás, pasó tanto tiempo que tengo que despedirte y me pregunto porque hago duelos por desconocidos.
¿Acaso alguna vez te extrañé o solo extrañaba el hecho de sentirme acompañada?
Ya no quiero pensar si fue de verdad lo que pasó, si fue coincidencia, si fue forzado, o actuado o qué. Ya no suena más la música.
Acá estoy yo, mi sopa y mi vaso de agua, un poco de Amoxicilina y Fluribuprofeno para mi muela, nada para el corazón que languidece dentro de mi pecho.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Un año de 700 días

Capítulo 1

Noviembre

Ella dijo - este parece un año de 700 días- y ése me pareció la metáfora perfecta para designar un período lleno de experiencias que cambiaron mi vida para siempre.

Mamá le daba un sorbo a su café con leche, ella nunca lo tomaba solo y esa era una clara diferencia con mi padre que siempre pedía café negro. ¿Será porque ella era una persona más blanda, más amable o simplemente muy diferente a él?. No lo sé, solo sé que era el mes de noviembre, yo había caído por las escaleras y ella estaba allí. Él en cambio estaba presente solo a través del teléfono y esporádicamente. Su esfuerzo paternal más parecido al amor fue acercarme una bolsa con comestibles y preguntarme que haría para navidad. Siempre para estas fechas se ponía nostálgico y tendía a escaparse conmigo imaginariamente, es decir, con su pasado, tal vez para enmendar las heridas que le había hecho a mi corazón durante tantos años de ausencia.


Con mamá las cosas habían muy sido diferentes, nos habíamos odiado en la adolescencia, habíamos competido en cierta forma por ver quién era la más inmadura y ella había sacado el primer premio. Luego, después de dos años de terapia el remanso por fin llegó. Fue en octubre del año pasado cuando le ofrecí viajar a Los Angeles y empezar de nuevo. No sé de dónde habré sacado la loca idea, pero funcionó. Cuando regresamos de aquel segundo alumbramiento todo cambió y se puede decir que he realizado todo un esfuerzo por hacer que la relación funcione. Supuse que sería esa la receta, no sólo con las parejas, sino que entre padres e hijos las faltas podrían enmendarse con voluntad de las dos partes, simple lógica, matemática sentimental.


Las lesiones no habían sido graves, el impacto de la caída solo afectó los músculos y yo me había tomado los días en el trabajo, lo que me daba tiempo para pensar. Ya estaba terminando las últimas asignaturas de la carrera de periodismo y comenzaría una nueva etapa el año siguiente, necesitaba un lapsus para deternerme y realizar un balance.


En un breve resumen, este año había pasado por el desenfreno, la angustia, la depresión, la desdicha como nunca antes y por la completa satisfacción y el bienestar más pleno. Según la doctora que regula mis emociones, un ser humano con estas características solo puede ser catalogado dentro del marco de la Bipolaridad. Esa palabra me causó al principio algo de miedo, también era algo desconocido y en cierta forma un término que estaba en boga por estos días. La misma Presidenta de la Nación había sido catalogada por varios artículos periodísticos como bipolar, yo nunca comprendí si era una simple estrategia de la oposición para hacerla ver como una persona desequilibrada emocionalmente o de verdad tenía la enfermedad. Que es un mal no voy a negarlo, pero me cuesta denominarlo enfermedad, nadie quiere estar enfermo. Al principio me dediqué a leer sobre el tema, busqué videos, libros, testimonios, quería salir de ese estado espantoso y decrépito que me había hecho perder siete kilos en menos de un mes y no sabía cómo. Entonces, cuando no supe más qué hacer o cómo rearmar el rompecabezas dentro de mi mente, busqué ayuda.


Los doctores me habían intoxicado lo suficiente con los antidepresivos equivocados y solo dijeron que fue un error. Lo único que quería era una vida normal.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Aquél rock and roll progresivo de la primera infancia


En el año 1985 yo apenas podía arrastrar un cajón de manzanas cargado de juguetes viejos. Recuerdo que llovió en navidad y que proyectaron Superman con Cristopher Reeve en canal trece, puede que también hayan dado Poltergeist. Afuera la gente lucía sus raros peinados nuevos, por la radio las Viudas e hijas del Roque Enroll cantaban Lollypop, pero dentro de casa aún predominaba todo el misticismo del rock progresivo de los 70's.
Solo había transcurrido una década desde la edición de Wish you were here de Pink Floyd grabado en Abbey Road, para mí era como haber nacido con ese mágico disco bajo el brazo.
Recuerdo muchas cosas, algunas un poco difusas como a Gianni Lunadei en Mesa de noticias, pero lo que más llevo grabado en la memoria de aquellos días es un cassette blanco que sonaba por las tardes. Se oía como una radio a la que le cambiaban el dial, voces, un fragmento de música clásica y depués la melodía que se haría indeleble en mis recuerdos. Así comenzaba Wish you were here.
El sonido del viento soplaba en la cima de alguna montaña imaginaria donde David Gilmour tocaba su guitarra mientras caía una intensa nevada, pero él seguía allí, imperturbable, tocando a pesar del frío. Aquella imagen recurrente surcaba mis pensamientos cada vez que sonaba esa cinta con mis ojos fijos en el techo.
Shine on your crazy diamond en cambio era como ver a Dios creando el universo, era imaginar planetas y constelaciones solo con escuchar el sonido de las cuerdas de Gilmour y aquel sintetizador que era capaz de transportarlo a uno en un viaje cósmico. Ese disco era como dar un paseo por el espacio exterior.

Wish You Were Here

So, so you think you can tell
Heaven from Hell,
Blue skys from pain.
Can you tell a green field
From a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?

And did they get you to trade
Your heros for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange
A walk on part in the war
For a lead role in a cage?

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl,
Year after year,
Running over the same old ground.
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.
(Waters, Gilmour)